21/06/2026

Gerardo Diego: «Nocturno XIV» (poema); resumen, análisis y propuesta didáctica

 GERARDO DIEGO: Nocturno XIV


A Enrique Menéndez


Ha cruzado divina y desnuda.                        1

Es la Forma, es la Forma, es la Forma.

El artista, sujeto en la Norma,

la llama en su ayuda.


Cuando pasa sonríe y promete                      5

y saluda cordial y exquisita,

más que breve es su breve visita,

su azar de cohete.


Es celeste como hecha de astros,

perfumada de incógnita esencia.                  10

Es la Amada de la adolescencia,

toda de alabastros.


No se sabe si es sueño o es niebla.

No se sabe si túnica o nube.

Deja un rastro de luz cuando sube,              15

y el aire despuebla.


Es la imagen del ángel más leve

que Jacob vio en las blancas escalas.

Al trasluz transparenta sus alas

sutiles de nieve.                                             20


Sólo muestra su carne de estrella

en la magia de luna en el río.

Es espíritu, es aire, es vacío

sin molde y sin huella.                                  


En la virgen cuartilla se posa.                       25

Sobre el piano despliega su ala.

y si vamos a asirla, resbala

esquiva, medrosa.


La queremos cazar prisionera                     

y el intento en seguida comprende,              30

y batiendo las alas, asciende

feliz, a su esfera.


¡Quién pudiera seguirla en su vuelo

Y arrobado en dichoso desmayo,               

patinar por el hilo de un rayo                         35

de luna hasta el cielo! 



  1. ANÁLISIS

  1. Resumen

Gerardo Diego (Santander, 1896 – Madrid, 1987) es uno de los más destacados poetas de la Generación del 27. Como todos los miembros de este grupo, pasó por una etapa de aprendizaje e iniciación clásica, otra de influencia profunda de las vanguardias, a continuación, otra de neopopulismo más o menos tradicionalista y, tras la guerra civil, cada uno de sus componentes buscó su camino y su voz dentro o fuera de España, a causa del desgarrón de la guerra fratricida. Diego cultivó a la vez, durante toda su vida, una veta clásica, tradicionalista, valga decir, y otra creacionista o vanguardista.

El poema que comentamos, «Nocturno XIV», procede del libro Nocturnos de Chopin. Paráfrasis románticas (1963). La Forma, con mayúscula, ente superior que pasa la idea o impulso creador a materialidad sensitiva, ha atravesado el cielo donde vive el yo poético. Su visita es muy breve, fugaz, en realidad. Casi es inmaterial, es como un aura del que emana un perfume agradable. Todo en ella es etéreo y sutil; tiene alas blancas, como un ángel. Apenas se puede apreciar su corporeidad reflejada en el agua del río, como el resplandor de la luna. Siendo tan etérea, se identifica con un espíritu, como el vacío. A veces, se posa en el folio en el que el escritor se dispone a crear. También el músico en su piano recibe su visita. Pero al cogerla, se desliza miedosa. Luego emprende un rápido vuelo hacia su mundo elevado y lejano, su «esfera». El yo poético desearía llegar hasta su hogar y disfrutar de su presencia y su efecto benéfico.

  1. Tema

Los asuntos de este poema se pueden enunciar así: 

-Es difícil materializar la idea en una forma literaria.

-Pese a los esfuerzos, el artista no siempre acierta con la concreción material de su inspiración..

-La transformación de la idea en objeto artístico perceptible es difícil y aleatorio.

  1. Apartados temáticos

Este poema ofrece tres secciones de contenido claramente diferenciadas:

-La primera estrofa (vv. 1-4) funciona de introducción. La Forma, la Norma, o la razón, visita al artista porque este la ha invocado..

-La estrofas 2-8 (vv. 5-36) forman la sección más larga que todas las demás, forman un nudo o desarrollo. El yo poético describe a duras penas cómo es la Forma, pues casi es invisible y, por supuesto, inasible. Su visita es breve y cuando el artista piensa que ya la tiene en su poder, huye ligera y casi imperceptiblemente.

-La última estrofa (octava): constituye el desenlace o resolución, o conclusión. El yo poético, como artista, desearía seguirla hasta su hogar, allá en una esfera alta y poder disfrutar de sus beneficios celestiales.

  1. Análisis métrico, de la rima y estrófico

La estructura estrófica del poema es extraordinariamente sencilla. Los treinta y seis versos que conforman el poema son endecasílabos, excepto el último de cada estrofa, que es hexasílabo. Riman en consonante los versos 1 y 4 entre sí, y 2 y 3. Estamos, pues, por  la rima ante una serie de nueve redondillas (11A, 11B, 11B, 6a). Es una estrofa de origen italiano aclimatada al español por Garcilaso de la Vega en el S. XVI. El hecho de quebrar el último verso (de seis o siete sílabas) es una innovación que ya se produjo en el Renacimiento. Se cultivó mucho en el Renacimiento y el modernismo (Bécquer y Machado son maestros en el empleo de esta estrofa, junto con otras variantes, como la silva y el romance). Es muy adecuada para expresar sentimientos, contar historias, preguntarse por el sentido de las cosas, adentrarse en el misterio, etc. Gerardo Diego se ha acogido muy felizmente y con acierto a una inmensa tradición poética de expresión del pensamiento y la emoción con sencillez formal, claridad expresiva y discurso fluido.

  1. Análisis de los recursos estilísticos

El texto es muy metapoético porque el yo poético reflexiona sobre las dificultades que se deben vencer para que la inspiración se materialice en una obra artística. La personificación de la razón artística, es decir, el hecho de que la inspiración se materialice en un objeto artístico perceptible, en el poema recibe el nombre de Forma. Es, por cierto, un término muy adecuado porque nos remite a la obra cristalizada, hecha, y esta tiene una forma. Digamos que es una metonimia (sinécdoque); una característica de la obra sirve para nombrarla. Equivale a la razón que somete a la inspiración a una concreción perceptible. La repeteción, tres veces, de la oración «es la Forma» nos aclara quién es el sujeto que ha llegado y permanecerá a su lado un breve rato. El artista la necesita porque él está «sujeto en la Norma» (v. 3), es decir, en ciertas convenciones que debe seguir para que obra sea entendible y aceptable.

La segunda estrofa nos presenta la cara amable de la Forma: «sonríe y promete» triunfos al artista. El polisíndeton del verso 2 enfatiza en la cordialidad de este raro ser. La repetición de «breve» y la metáfora subsiguiente de «azar de cohete» nos deja comprender la fugacidad de su llegada y su visita, si es que se produce, pues es azarosa.

La tercera estrofa explica cómo está hecha la Forma. Varias metáforas sinestésicas nos explican que es un ser celestial, con un suave perfume, deslumbrante y admirada, como el primer amor, brillante y suave como el alabastro translúcido. 

La ignorancia es lo único cierto acerca de este misterioso y esquivo ser. La anáfora y paralelismo creado por «No se sabe» insiste en ello. La elipsis del verso 14 condensa la naturaleza evanescente de la Forma: «si túnica o nube». Tras ella solo se aprecia una huella luminosa y el aire vacío. Esta hermosa paradoja expresa muy bien la insustancialidad de la Forma.

La quinta estrofa concreta un poco más. Es como un ángel de las capas superiores y tiene «alas sutiles de nieve» (vv. 19-20). Las alas parecen blancas, pero son más bien transparentes cuando se ven al trasluz. De nuevo se insiste en la difícil y casi imperceptible corporeidad de la Forma

La sexta estrofa ahonda en el perfil de este esquivo ser. A duras penas se puede percibir, es decir, acude al lado del artista para que cree su obra, en momentos y lugares especiales. Está hecha de «carne de estrella» (v. 21), es decir, de materia celestial, o estelar, nada humano, en consecuencia. El verso 23 resulta especialmente impactante para el lector: «Es espíritu, es aire, es vacío». En solo once sílabas se concentra un paralelismo tripe, una repetición y un campo semántico que alude, precisamente, a lo que no se puede percibir, como es el espíritu, el aire y el vacío. No se materializa tan fácilmente, pues no tiene molde ni huella, como sería de esperar es un ser viviente.

La séptima estrofa nos presenta a la Forma en acción. Bien al poeta, bien al músico compositor, los visita en su acto creador, aquel con la cuartilla (el folio), este con el piano. Y en el momento de cogerla, se escurre, como con miedo. De este modo, comprendemos que el encuentro del artista con la Forma es delicado y propenso al fracaso. Los dos adjetivos que se le asignan lo constanta claramente: «esquiva, medrosa» (v. 28).

Cuando percibe que el artista la quiere «cazar», se evapora hacia su esfera, con su batir de alas, feliz de no ser esclavizada. No se deja atrapar de buenas a primeras porque en su ser está el ser libre y escurridiza.

La novena y última estrofa funciona de síntesis y cierre. Ya no se habla de la Forma, definitivamente huida. El yo poético nos expresa su anhelo por visitarla en su esfera, su hogar, para allí caer en un arrobamiento («dichoso desmayo») que permitiera acercarse al cielo, donde ella vive, patinando por «un rayo / de luna» (vv. 34-35). Conocerla y experimentar sus beneficios es, pues, la máxima felicidad del artista, como el yo poético mismo. El epifonema con que se cierra el poema, y que ocupa en su totalidad la última estrofa) imprime una enorme expresividad y belleza poética.

El conjunto de recursos que hemos explicado nos permite apreciar una pericia poética realmente extraordinaria. Gerardo Diego muestra un dominio poético excelente, un lenguaje preciso y sugerente y un conocimiento de la mejor poesía y formas estróficas españolas. Bajo una superficie de aparente sencillez, hemos podido apreciar un intenso y bello poema, muy elaborado en su forma expresiva, para transmitir lo difícil que resulta que la inspiración pase a obra artística tangible. Ello supone una enorme lucha en la que la victoria no está asegurada en absoluto. una situación amorosa (frustrada para él, no para ella) en un marco idílico y nocturno.

  1. Contextualización socio-histórica y autorial

Gerardo Diego es uno de los poetas del destacado grupo de la Generación del 27. Poeta-profesor, como casi todos ellos, exhibe una pericia técnica, un rigor compositivo y un tratamiento riguroso de los temas poéticos realmente importantes y significativos. Este grupo aspira a una poesía precisa, enraizada en la tradición española y, al mismo tiempo, abierta a los nuevos vientos vanguardistas europeos.

Este poema de nuestro poeta santanderino pertenece a su primera etapa de formación, más clasicista y académica, justo antes de que los vientos de las Vanguardias arrumbaran las formas y contenidos poéticos más repetidos o manidos. De ahí el uso del romance, de la contemplación y diálogo con la naturaleza, de expresión contenida del sentimiento, sea de la naturaleza que fuere.

Algunos de sus poemarios más reconocidos son Manual de espumas (1924), Versos humanos (1925), Fábula de Equis y Zeda (1932), Ángeles de Compostela (1940) y Alondra de verdad (1941). Su poesía oscila entre el vanguardismo y el tradicionalismo, siempre con gran rigor, depuración y alto dominio del lenguaje poético. Su último poemario es Cometa errante (1985).

  1. Interpretación 

Este bellísimo y metapoético poema reflexiona sobre las dificultades que el artista ha de vencer para que su obra cristalice en algo concreto y entendible. La inspiración debe aliarse de algún modo con la razón, como diría Bécquer, para que surja la obra de arte. Lo cierto es que eso es muy difícil y su búsqueda es ardua. Sin embargo, es el único modo de realizar una obra artística bella, verdadera y duradera.

No debemos perder la perspectiva que se trata de la transformación en palabra poética de uno de los nocturnos de F. Chopin, compuestos en la década de 1830. El esfuerzo de Diego es titánico y muy feliz. Nuestro poeta también era un excelente músico e interpretaba al piano con gran pericia. El subtítulo de la obra, «Paráfrasis», nos indica claramente lo que el poeta ha realizado: recrear, literalmente, la pieza musical a través del lenguaje poético. Cambia el instrumento de expresión y permanecen las emociones o estados del alma.

El resultado, que el poeta ha imaginado como un ejercicio metapoético y, por tanto, reflexivo y meditativo, es realmente impresionante por su belleza, equilibrio y emotividad. El sentido del poema es un poco ambiguo y ligeramente optimista; a veces es posible visitar la esfera donde vive la Forma y entonces surge la obra artística bien hecha y admirable. El camino es largo, difícil y escarpado, pero no imposible. A veces, el milagro se produce y la inspiración pasa a objeto artístico.

  1. Valoración

Este bello poema nos ha permitido apreciar, en un tono reflexivo, las dificultades de todo artista para que su obra cristalice en una obra tangible, bella y admirable. El don de pasar la inspiración a razón se llama genio artístico, como Bécquer dejó muy bien explicado y expresado en su célebre Rima III («Sacudimiento extraño»). El cierre ligeramente optimista nos permite albergar la esperanza de que todo artista, con trabajo y suerte, puede alcanzar la forma adecuada y válida para su objeto artístico.

La forma estrófica utilizada, la redondilla con el verso final trunco, obliga a una tremenda síntesis de contenido y a una economía del lenguaje extrema. Todo está insinuado y, a la vez, perfilado con precisión, pero sin un solo aditamento sobrante. Se crea un marco ajustado, completo, pero esencialista. 

La belleza que esconden estos versos es elevadísima. El contenido, que casi es un Ars poetica, está expresado con una belleza verbal y poética realmente asombrosa. No importa tanto el significado, sino la intensa armonía entre el fondo y la forma. La Forma, por cierto, esa diosa etérea y esquiva difícil de asir, pero con resultados muy satisfactorios, como es este mismo poema. Estamos ante un texto delicioso, emotivo y bellísimo.


II. PROPUESTA DIDÁCTICA

1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (70 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, que no tienen por qué coincidir con las estrofas. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a la naturaleza celestial y angelical de la Forma. 

7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué elementos del paisaje (celestial y terrenal) aparecen en el poema? 

2) Justifica por qué estamos ante un texto metapoético. 

3) ¿Qué importancia poética posee el cielo, y en concreto la luna? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor del trabajo artístico? 

5) Fíjate en los atributos de la Forma: ¿por qué es casi angelical? 

6) En el poema, la Forma se posa en dos lugares. ¿Cuáles son? ¿Por qué esos y no otros?

7) Explica el sentido de la última estrofa (vv. 33-36) y su importancia en el sentido del poema.

2.3. Fomento de la creatividad

1) Crea un poema o texto en prosa que exprese el trabajo que se realiza para alcanzar un objetivo difícil, pero emocionante. Puedes seguir el ejemplo de Gerardo Diego en este poema.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática de tu clase con Gerardo Diego. ¿Qué tres preguntas le harías? 

3) Realiza una exposición sobre Gerardo Diego, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de seres de existencia dudosa, o difícil de captar, o de comprender,  para que se desarrolle una acción singular, siguiendo el ejemplo de Gerardo Diego. 

 


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