21/06/2026

Gerardo Diego: «Nocturno XIV» (poema); resumen, análisis y propuesta didáctica

 GERARDO DIEGO: Nocturno XIV


A Enrique Menéndez


Ha cruzado divina y desnuda.                        1

Es la Forma, es la Forma, es la Forma.

El artista, sujeto en la Norma,

la llama en su ayuda.


Cuando pasa sonríe y promete                      5

y saluda cordial y exquisita,

más que breve es su breve visita,

su azar de cohete.


Es celeste como hecha de astros,

perfumada de incógnita esencia.                  10

Es la Amada de la adolescencia,

toda de alabastros.


No se sabe si es sueño o es niebla.

No se sabe si túnica o nube.

Deja un rastro de luz cuando sube,              15

y el aire despuebla.


Es la imagen del ángel más leve

que Jacob vio en las blancas escalas.

Al trasluz transparenta sus alas

sutiles de nieve.                                             20


Sólo muestra su carne de estrella

en la magia de luna en el río.

Es espíritu, es aire, es vacío

sin molde y sin huella.                                  


En la virgen cuartilla se posa.                       25

Sobre el piano despliega su ala.

y si vamos a asirla, resbala

esquiva, medrosa.


La queremos cazar prisionera                     

y el intento en seguida comprende,              30

y batiendo las alas, asciende

feliz, a su esfera.


¡Quién pudiera seguirla en su vuelo

Y arrobado en dichoso desmayo,               

patinar por el hilo de un rayo                         35

de luna hasta el cielo! 



  1. ANÁLISIS

  1. Resumen

Gerardo Diego (Santander, 1896 – Madrid, 1987) es uno de los más destacados poetas de la Generación del 27. Como todos los miembros de este grupo, pasó por una etapa de aprendizaje e iniciación clásica, otra de influencia profunda de las vanguardias, a continuación, otra de neopopulismo más o menos tradicionalista y, tras la guerra civil, cada uno de sus componentes buscó su camino y su voz dentro o fuera de España, a causa del desgarrón de la guerra fratricida. Diego cultivó a la vez, durante toda su vida, una veta clásica, tradicionalista, valga decir, y otra creacionista o vanguardista.

El poema que comentamos, «Nocturno XIV», procede del libro Nocturnos de Chopin. Paráfrasis románticas (1963). La Forma, con mayúscula, ente superior que pasa la idea o impulso creador a materialidad sensitiva, ha atravesado el cielo donde vive el yo poético. Su visita es muy breve, fugaz, en realidad. Casi es inmaterial, es como un aura del que emana un perfume agradable. Todo en ella es etéreo y sutil; tiene alas blancas, como un ángel. Apenas se puede apreciar su corporeidad reflejada en el agua del río, como el resplandor de la luna. Siendo tan etérea, se identifica con un espíritu, como el vacío. A veces, se posa en el folio en el que el escritor se dispone a crear. También el músico en su piano recibe su visita. Pero al cogerla, se desliza miedosa. Luego emprende un rápido vuelo hacia su mundo elevado y lejano, su «esfera». El yo poético desearía llegar hasta su hogar y disfrutar de su presencia y su efecto benéfico.

  1. Tema

Los asuntos de este poema se pueden enunciar así: 

-Es difícil materializar la idea en una forma literaria.

-Pese a los esfuerzos, el artista no siempre acierta con la concreción material de su inspiración..

-La transformación de la idea en objeto artístico perceptible es difícil y aleatorio.

  1. Apartados temáticos

Este poema ofrece tres secciones de contenido claramente diferenciadas:

-La primera estrofa (vv. 1-4) funciona de introducción. La Forma, la Norma, o la razón, visita al artista porque este la ha invocado..

-La estrofas 2-8 (vv. 5-36) forman la sección más larga que todas las demás, forman un nudo o desarrollo. El yo poético describe a duras penas cómo es la Forma, pues casi es invisible y, por supuesto, inasible. Su visita es breve y cuando el artista piensa que ya la tiene en su poder, huye ligera y casi imperceptiblemente.

-La última estrofa (octava): constituye el desenlace o resolución, o conclusión. El yo poético, como artista, desearía seguirla hasta su hogar, allá en una esfera alta y poder disfrutar de sus beneficios celestiales.

  1. Análisis métrico, de la rima y estrófico

La estructura estrófica del poema es extraordinariamente sencilla. Los treinta y seis versos que conforman el poema son endecasílabos, excepto el último de cada estrofa, que es hexasílabo. Riman en consonante los versos 1 y 4 entre sí, y 2 y 3. Estamos, pues, por  la rima ante una serie de nueve redondillas (11A, 11B, 11B, 6a). Es una estrofa de origen italiano aclimatada al español por Garcilaso de la Vega en el S. XVI. El hecho de quebrar el último verso (de seis o siete sílabas) es una innovación que ya se produjo en el Renacimiento. Se cultivó mucho en el Renacimiento y el modernismo (Bécquer y Machado son maestros en el empleo de esta estrofa, junto con otras variantes, como la silva y el romance). Es muy adecuada para expresar sentimientos, contar historias, preguntarse por el sentido de las cosas, adentrarse en el misterio, etc. Gerardo Diego se ha acogido muy felizmente y con acierto a una inmensa tradición poética de expresión del pensamiento y la emoción con sencillez formal, claridad expresiva y discurso fluido.

  1. Análisis de los recursos estilísticos

El texto es muy metapoético porque el yo poético reflexiona sobre las dificultades que se deben vencer para que la inspiración se materialice en una obra artística. La personificación de la razón artística, es decir, el hecho de que la inspiración se materialice en un objeto artístico perceptible, en el poema recibe el nombre de Forma. Es, por cierto, un término muy adecuado porque nos remite a la obra cristalizada, hecha, y esta tiene una forma. Digamos que es una metonimia (sinécdoque); una característica de la obra sirve para nombrarla. Equivale a la razón que somete a la inspiración a una concreción perceptible. La repeteción, tres veces, de la oración «es la Forma» nos aclara quién es el sujeto que ha llegado y permanecerá a su lado un breve rato. El artista la necesita porque él está «sujeto en la Norma» (v. 3), es decir, en ciertas convenciones que debe seguir para que obra sea entendible y aceptable.

La segunda estrofa nos presenta la cara amable de la Forma: «sonríe y promete» triunfos al artista. El polisíndeton del verso 2 enfatiza en la cordialidad de este raro ser. La repetición de «breve» y la metáfora subsiguiente de «azar de cohete» nos deja comprender la fugacidad de su llegada y su visita, si es que se produce, pues es azarosa.

La tercera estrofa explica cómo está hecha la Forma. Varias metáforas sinestésicas nos explican que es un ser celestial, con un suave perfume, deslumbrante y admirada, como el primer amor, brillante y suave como el alabastro translúcido. 

La ignorancia es lo único cierto acerca de este misterioso y esquivo ser. La anáfora y paralelismo creado por «No se sabe» insiste en ello. La elipsis del verso 14 condensa la naturaleza evanescente de la Forma: «si túnica o nube». Tras ella solo se aprecia una huella luminosa y el aire vacío. Esta hermosa paradoja expresa muy bien la insustancialidad de la Forma.

La quinta estrofa concreta un poco más. Es como un ángel de las capas superiores y tiene «alas sutiles de nieve» (vv. 19-20). Las alas parecen blancas, pero son más bien transparentes cuando se ven al trasluz. De nuevo se insiste en la difícil y casi imperceptible corporeidad de la Forma

La sexta estrofa ahonda en el perfil de este esquivo ser. A duras penas se puede percibir, es decir, acude al lado del artista para que cree su obra, en momentos y lugares especiales. Está hecha de «carne de estrella» (v. 21), es decir, de materia celestial, o estelar, nada humano, en consecuencia. El verso 23 resulta especialmente impactante para el lector: «Es espíritu, es aire, es vacío». En solo once sílabas se concentra un paralelismo tripe, una repetición y un campo semántico que alude, precisamente, a lo que no se puede percibir, como es el espíritu, el aire y el vacío. No se materializa tan fácilmente, pues no tiene molde ni huella, como sería de esperar es un ser viviente.

La séptima estrofa nos presenta a la Forma en acción. Bien al poeta, bien al músico compositor, los visita en su acto creador, aquel con la cuartilla (el folio), este con el piano. Y en el momento de cogerla, se escurre, como con miedo. De este modo, comprendemos que el encuentro del artista con la Forma es delicado y propenso al fracaso. Los dos adjetivos que se le asignan lo constanta claramente: «esquiva, medrosa» (v. 28).

Cuando percibe que el artista la quiere «cazar», se evapora hacia su esfera, con su batir de alas, feliz de no ser esclavizada. No se deja atrapar de buenas a primeras porque en su ser está el ser libre y escurridiza.

La novena y última estrofa funciona de síntesis y cierre. Ya no se habla de la Forma, definitivamente huida. El yo poético nos expresa su anhelo por visitarla en su esfera, su hogar, para allí caer en un arrobamiento («dichoso desmayo») que permitiera acercarse al cielo, donde ella vive, patinando por «un rayo / de luna» (vv. 34-35). Conocerla y experimentar sus beneficios es, pues, la máxima felicidad del artista, como el yo poético mismo. El epifonema con que se cierra el poema, y que ocupa en su totalidad la última estrofa) imprime una enorme expresividad y belleza poética.

El conjunto de recursos que hemos explicado nos permite apreciar una pericia poética realmente extraordinaria. Gerardo Diego muestra un dominio poético excelente, un lenguaje preciso y sugerente y un conocimiento de la mejor poesía y formas estróficas españolas. Bajo una superficie de aparente sencillez, hemos podido apreciar un intenso y bello poema, muy elaborado en su forma expresiva, para transmitir lo difícil que resulta que la inspiración pase a obra artística tangible. Ello supone una enorme lucha en la que la victoria no está asegurada en absoluto. una situación amorosa (frustrada para él, no para ella) en un marco idílico y nocturno.

  1. Contextualización socio-histórica y autorial

Gerardo Diego es uno de los poetas del destacado grupo de la Generación del 27. Poeta-profesor, como casi todos ellos, exhibe una pericia técnica, un rigor compositivo y un tratamiento riguroso de los temas poéticos realmente importantes y significativos. Este grupo aspira a una poesía precisa, enraizada en la tradición española y, al mismo tiempo, abierta a los nuevos vientos vanguardistas europeos.

Este poema de nuestro poeta santanderino pertenece a su primera etapa de formación, más clasicista y académica, justo antes de que los vientos de las Vanguardias arrumbaran las formas y contenidos poéticos más repetidos o manidos. De ahí el uso del romance, de la contemplación y diálogo con la naturaleza, de expresión contenida del sentimiento, sea de la naturaleza que fuere.

Algunos de sus poemarios más reconocidos son Manual de espumas (1924), Versos humanos (1925), Fábula de Equis y Zeda (1932), Ángeles de Compostela (1940) y Alondra de verdad (1941). Su poesía oscila entre el vanguardismo y el tradicionalismo, siempre con gran rigor, depuración y alto dominio del lenguaje poético. Su último poemario es Cometa errante (1985).

  1. Interpretación 

Este bellísimo y metapoético poema reflexiona sobre las dificultades que el artista ha de vencer para que su obra cristalice en algo concreto y entendible. La inspiración debe aliarse de algún modo con la razón, como diría Bécquer, para que surja la obra de arte. Lo cierto es que eso es muy difícil y su búsqueda es ardua. Sin embargo, es el único modo de realizar una obra artística bella, verdadera y duradera.

No debemos perder la perspectiva que se trata de la transformación en palabra poética de uno de los nocturnos de F. Chopin, compuestos en la década de 1830. El esfuerzo de Diego es titánico y muy feliz. Nuestro poeta también era un excelente músico e interpretaba al piano con gran pericia. El subtítulo de la obra, «Paráfrasis», nos indica claramente lo que el poeta ha realizado: recrear, literalmente, la pieza musical a través del lenguaje poético. Cambia el instrumento de expresión y permanecen las emociones o estados del alma.

El resultado, que el poeta ha imaginado como un ejercicio metapoético y, por tanto, reflexivo y meditativo, es realmente impresionante por su belleza, equilibrio y emotividad. El sentido del poema es un poco ambiguo y ligeramente optimista; a veces es posible visitar la esfera donde vive la Forma y entonces surge la obra artística bien hecha y admirable. El camino es largo, difícil y escarpado, pero no imposible. A veces, el milagro se produce y la inspiración pasa a objeto artístico.

  1. Valoración

Este bello poema nos ha permitido apreciar, en un tono reflexivo, las dificultades de todo artista para que su obra cristalice en una obra tangible, bella y admirable. El don de pasar la inspiración a razón se llama genio artístico, como Bécquer dejó muy bien explicado y expresado en su célebre Rima III («Sacudimiento extraño»). El cierre ligeramente optimista nos permite albergar la esperanza de que todo artista, con trabajo y suerte, puede alcanzar la forma adecuada y válida para su objeto artístico.

La forma estrófica utilizada, la redondilla con el verso final trunco, obliga a una tremenda síntesis de contenido y a una economía del lenguaje extrema. Todo está insinuado y, a la vez, perfilado con precisión, pero sin un solo aditamento sobrante. Se crea un marco ajustado, completo, pero esencialista. 

La belleza que esconden estos versos es elevadísima. El contenido, que casi es un Ars poetica, está expresado con una belleza verbal y poética realmente asombrosa. No importa tanto el significado, sino la intensa armonía entre el fondo y la forma. La Forma, por cierto, esa diosa etérea y esquiva difícil de asir, pero con resultados muy satisfactorios, como es este mismo poema. Estamos ante un texto delicioso, emotivo y bellísimo.


II. PROPUESTA DIDÁCTICA

1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (70 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, que no tienen por qué coincidir con las estrofas. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a la naturaleza celestial y angelical de la Forma. 

7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué elementos del paisaje (celestial y terrenal) aparecen en el poema? 

2) Justifica por qué estamos ante un texto metapoético. 

3) ¿Qué importancia poética posee el cielo, y en concreto la luna? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor del trabajo artístico? 

5) Fíjate en los atributos de la Forma: ¿por qué es casi angelical? 

6) En el poema, la Forma se posa en dos lugares. ¿Cuáles son? ¿Por qué esos y no otros?

7) Explica el sentido de la última estrofa (vv. 33-36) y su importancia en el sentido del poema.

2.3. Fomento de la creatividad

1) Crea un poema o texto en prosa que exprese el trabajo que se realiza para alcanzar un objetivo difícil, pero emocionante. Puedes seguir el ejemplo de Gerardo Diego en este poema.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática de tu clase con Gerardo Diego. ¿Qué tres preguntas le harías? 

3) Realiza una exposición sobre Gerardo Diego, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de seres de existencia dudosa, o difícil de captar, o de comprender,  para que se desarrolle una acción singular, siguiendo el ejemplo de Gerardo Diego. 

 


25/01/2026

Manuel Machado: doce poemas seleccionados, analizados y seguidos de una propuesta didáctica




MANUEL MACHADO - Doce poemas seleccionados y analizados, seguidos de una propuesta didáctica


  1. Yo, poeta decadente


Yo, poeta decadente,

español del siglo veinte,

que los toros he elogiado,

y cantado

las golfas y el aguardiente...,

y la noche de Madrid,

y los rincones impuros,

y los vicios más oscuros

de estos bisnietos del Cid:

de tanta canallería

harto estar un poco debo;

ya estoy malo, y ya no bebo

lo que han dicho que bebía.


Porque ya

una cosa es la poesía

y otra cosa lo que está

grabado en el alma mía...


Grabado, lugar común.

Alma, palabra gastada.

Mía... No sabemos nada.

Todo es conforme y según.


Escolio

Resumen: el yo poético hace una autorreflexión sobe sobre su estado físico y emocional; se confiesa cansado y harto de la vida bohemia y canalla. Lo ve todo con cierto escepticismo relativista y burlón. A falta de certezas, solo cabe cierto humor amargo.

Tema: declaración de intenciones hacia una vida escéptica y desengañada.

Aspectos métricos: los veintiún versos octosílabos, excepto dos tetrasílabos, del poema se distribuyen en tres estrofas con distinto número de versos. La rima consonante es original  bonita. Por orden de aparición, observamos: una quintilla y dos redondillas en la primera estrofa; una cuarteta en la segunda; y una redondilla en la tercera.

Rasgos estilísticos: el tono algo burlón y sarcástico recorre todo el poema. Son especialmente significativos los versos:

y los rincones impuros,

y los vicios más oscuros

de estos bisnietos del Cid:

Se ríe de su vida bohemia, que acaso no fue para tanto, y de los vicios nacionales. La última estrofa es muy original; realiza una exégesis del último verso de la estrofa anterior: «grabado en el alma mía...», para concluir que no hay certezas, sino incertidumbres.



  1. Adelfos


A Miguel de Unamuno


Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron

–soy de la raza mora, vieja amiga del Sol–,

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.

Tengo el alma de nardo del árabe español.


Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

en que era muy hermoso no pensar ni querer...

Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...

De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.


En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...;

y la rosa simbólica de mi única pasión

es una flor que nace en tierras ignoradas

y que no tiene aroma, ni forma, ni color.


Besos ¡pero no darlos! Gloria.... ¡la que me deben!

¡Que todo como un aura se venga para mí!

¡Que las olas me traigan y las olas me lleven,

y que jamás me obliguen el camino a elegir!


¡Ambición! No la tengo. ¡Amor! No lo he sentido.

No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.

Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.

Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud.


De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.

No se ganan, se heredan, elegancia y blasón...

Pero el lema de casa, el mote del escudo,

es una nube vaga que eclipsa un vano sol.


Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,

lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...

¡Que la vida se tome la pena de matarme,

ya que yo no me tomo la pena de vivir! ...


Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

en que era muy hermoso no pensar ni querer...

De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.

¡El beso generoso que no he de devolver!


Escolio

Resumen: el yo poético hace un autorretrato crítico y resentido. No se encuentra a gusto con su vida, que no juzga como un éxito. Se ve abúlico, egoísta, desdeñoso y un tanto asocial. Sin embargo, se muestra superior en cuanto a gusto y estilo, cosa que nadie le podrá arrebatar; se muestra escéptico y displicente ante el amor.

Tema: autorretrato crítico, desencantado y displicente..

Aspectos métricos: los treinta y dos versos alejandrinos se agrupan en ocho estrofas. La rima consonante es ABAB, cambiando en cada estrofa; son, pues serventesios. 

Rasgos estilísticos: la mezcla de un léxico popular con otro más culto crea una extraña frescura en este poema de balance de una vida. El yo poético reivindica su indolencia y su decepción ante la vida y, seguramente, ante sí mismo. La penúltima estrofa condensa el tono de melancolía algo resentida:

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,

lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...

Muestra cierta misantropía un tanto de salón, pero que a él le sirve para justificarse. La expresión está muy ajustada al contenido, como si fuera un texto ensayístico de larga maduración. Las frecuentes exclamaciones retóricas y las suspensiones delatan cierta agitación soterrada. Los adelfos, o adelfas, alude a la planta de hermosas flores, pero bastante tóxica. Su belleza exterior, pues sus flores emanan vistosidad y colorido, esconde un veneno peligroso. Acaso es metáfora de cómo se ve Manuel Machado.



  1. Ars moriendi


I

Morir es... Una flor hay, en el sueño

–que, al despertar, no está ya en nuestras manos–,

de aromas y colores imposibles...

Y un día sin aurora la cortamos.

II

Dichoso es el que olvida

el porqué del viaje

y, en la estrella, en la flor, en el celaje,

deja su alma prendida.

III

Y yo había dicho: «¡Vive!»

Es decir: ama y besa,

escucha, mira, toca,

embriágate y sueña...


Y ahora suspiro: «¡Muérete!»

Es decir: calla, ciega,

abstente, para, olvida,

resígnate... y espera.

IV

Era un agua que se secó,

un aroma que se esfumó,

una lumbre que se apagó...


Y ya es sólo la aridez,

la insipidez,

la hez...

V

La Vida se aparece como un sueño

en nuestra infancia... Luego despertamos

a verla, y caminamos

el encanto buscándole risueño

que primero soñamos;

... y, como no lo hallamos,

buscándolo seguimos,

hasta que para siempre nos dormimos.

VI

¡Y Ella viene siempre! Desde que nacemos,

su paso, lejano o próximo, huella

el mismo sendero por donde corremos

hasta dar con Ella.

VII

Lleno estoy de sospechas de verdades

que no me sirven ya para la vida,

pero que me preparan dulcemente

a bien morir...

VIII

Mi pensamiento, como un sol ardiente,

ha cegado mi espíritu y secado

mi corazón ...

IX

El cuerpo joven, pero el alma helada,

sé que voy a morir, porque no amo

ya nada.


Escolio

Resumen: el yo poético reflexiona sobre el sentido de la vida y la inexorabilidad de la muerte. Advierte que la vida es breve; el hombre busca su camino, es decir, su sentido de la existencia, desde joven, pero no lo haya. Hacemos muchas cosas, pero no nos conducen a la respuesta de la razón de vivir, así que todo es frustrante. Creemos que el amor nos salva, pero tampoco es verdad. Y de este modo, nos acercamos al final. La muerte nos busca y nos encuentra.

Tema: las incertidumbres de la vida en contraste con la certeza de la muerte nos conduce a la amargura.

Aspectos métricos: los cuarenta y cuatro versos del poema se distribuyen en nueve secciones numeradas en romanos. La medida de los versos es muy desigual; va del trisílabo al endecasílabo. Aunque existen bastantes asonancias cercanas a la cuarteta, la redondilla y la tercerilla, no se mantiene una regularidad. Este es un poema en verso libre..

Rasgos estilísticos: este poema es muy rico en imágenes referenciadas al absurdo de la vida; se realizan, básicamente, a través de metáforas que destacan rasgos vitales de la vida, que apenas entendemos. El símil de la vida como un sueño, de raigambre clásica, nos indica la inconsistencia de nuestra existencia. Se llega a la máxima condensación del contenido en la estrofa o sección VII, cuando afirma:


Lleno estoy de sospechas de verdades

que no me sirven ya para la vida,

pero que me preparan dulcemente

a bien morir...

La amarga decepción del yo poético sobre las pocas posibilidades de alcanzar cierta felicidad y sentido de la existencia se imponen abrumadoramente. Solo tiene indicios de verdades, «sospechas», que si no valen para la vida, valen para la muerte. Si recordamos el título del poema, «Ars moriendi», entendemos muy bien que la negra reflexión gira en torno a cómo nos asaltará la muerte. Este es uno de los poemas más pesimistas y amargos de Manuel Machado, lejos de su imagen de poeta modernista ligero.



  1. Castilla


A Manuel Reina. Gran poeta


El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.


El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos,

-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.


Cerrado está el mesón a piedra y lodo...

Nadie responde. Al pomo de la espada

y al cuento de las picas, el postigo

va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!


A los terribles golpes,

de eco ronco, una voz pura, de plata

y de cristal, responde... Hay una niña

muy débil y muy blanca,

en el umbral. Es toda

ojos azules; y en los ojos, lágrimas.

Oro pálido nimba

su carita curiosa y asustada.


«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,

arruinará la casa

y sembrará de sal el pobre campo

que mi padre trabaja...

Idos. El Cielo os colme de venturas...

En nuestro mal, ioh Cid!, no ganáis nada».


Calla la niña y llora sin gemido...

Un sollozo infantil cruza la escuadra

de feroces guerreros,

y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»


El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.


Escolio

Resumen: este bellísimo poema es una paráfrasis o recreación bastante apegada al texto original de un fragmento del Poema de Mio Cid. El Cid parte al destierro, llega a la ciudad de Burgos, pide acogida en una posada, pero nadie responde y todas las puertas están cerradas. Una niña de nueve años le dice que no lo pueden acoger por las terribles represalias del rey. El Cid comprende la situación y con sus doce hombres se pone en marcha en condiciones penosas de calor, sed y cansancio atravesando «la terrible estepa castellana».

Tema: el Cid llega a Burgos, nadie lo acoge y sigue su camino del destierro..

Aspectos métricos: los treinta y cuatro versos endecasílabos y heptasílabos se distribuyen en siete estrofas de desigual medida. Forman una silva. La rima es regular: riman los versos pares en á-a y los impares quedan libres; forman, pues, un romance.

Rasgos estilísticos: este hermosísimo poema es una recreación, o variación, de uno de los pasajes más célebres del primer cantar de gesta español. La paráfrasis es perfecta en el contenido, en el tono y en el hábil manejo de los recursos estilísticos, pues trasladan la atmósfera de agobio, cansancio de los hombres del Cid. Pero no han perdido su humanidad, pues ni maltratan ni desprecian a la niña que les explica la situación. Las percepciones sensitivas son muy abundantes, las cromáticas especialmente, como se aprecia en la primera estrofa..Nos parece especialmente emotiva la penúltima estrofa:

Calla la niña y llora sin gemido...

Un sollozo infantil cruza la escuadra

de feroces guerreros,

y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»

La antítesis entre el miedo y la fragilidad de la niña y la ruda entereza de los soldados está muy bien expresada. La adjetivación destaca los rasgos físicos y de carácter de ambos, aportando un dramatismo extremo. Es un excelente poema, lleno de vida, de color y de belleza.



  1. Retablo


Ya están ambos a diestra del Padre deseado,

los dos santos varones, el chantre y el cantado,

el Grant Santo Domingo de Silos venerado

y el Maestre Gonzalo de Berceo nommado.


Yo veo al Santo como en la sabida prosa

fecha en nombre de Christo y de la Gloriosa:

la color amariella, la marcha fatigosa,

el cabello tirado, la frente luminosa...


Y a su lado el poeta, romeo peregrino,

sonríe a los de ahora que andamos el camino,

y el galardón nos muestra de su claro destino:

una palma de gloria y un vaso de buen vino.


Escolio

Resumen: este bellísimo y emotivo poema es un reconocimiento a dos personajes históricos de la Edad Media castellana, que ahora ya están al lado del Señor. Son santo Domingo de Silos (Cañas, La Rioja, 1070-Silos, Burgos, 1073) y Gonzalo de Berceo (Berceo, La Rioja, c. 1196-c. 1264). Destaca del primero su gravedad y piedad. De Gonzalo de Berceo resalta su espontaneidad amistosa, su habilidad literaria y su campechanía. Nos invita a conocerlos y respetarlos sabiendo que hay un premio final.

Tema: encomio de santo Domingo de Silos y Gonzalo de Berceo .

Aspectos métricos: los doce versos alejandrinos (tetradecasílabos) estan distribuidos en tres estrofas. Cada estrofa mantiene la rima consonante AAAA; son, pues tetrástrofos monorrimos, es decir, cuaderna vía.

Rasgos estilísticos: el loor del yo poético, identificable con Manuel Machado es emotivo y sincero. Los contempla a los dos en un retablo, bien pintados, bien tallados. La adjetivación es intencionada y totalmente feliz; «venerado» aplicado al santo, y «nommado» al poeta son expresivos y evocadores. El léxico, de sabor arcaizante y popular también aporta sentimiento de empatía. La propia estrofa elegida es un guiño al lector porque es la que empleó Berceo para sus libros principales, entre ellos Vida de Santo Domingo de Silos, precisamente la figura alabada por el poeta. Ambos personajes están separados por un siglo, pero compartieron monasterio: San Millán de la Cogolla. El verso final es de gran agudeza. A nosotros nos espera como premio, si los imitamos rectamente, «una palma de gloria y un vaso de buen vino», es decir, vida eterna y un discreto placer mundano. El poema es delicioso, sensible y bellísimo en su ejecución.



  1. Cantares


Vino, sentimiento, guitarra y poesía,

hacen los cantares de la patria mía...

Cantares...

Quien dice cantares, dice Andalucía.


A la sombra fresca de la vieja parra,

un mozo moreno rasguea la guitarra...

Cantares...

Algo que acaricia y algo que desgarra.


La prima que canta y el bordón que llora...

Y el tiempo callado se va hora tras hora.

Cantares...

Son dejos fatales de la raza mora.


No importa la vida, que ya está perdida.

Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...

Cantares...

Cantando la pena, la pena se olvida.


Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte;

ojos negros, negros, y negra la suerte.

Cantares...

En ellos, el alma del alma se vierte.


Cantares. Cantares de la patria mía...

Cantares son sólo los de Andalucía.

Cantares...

No tiene más notas la guitarra mía.


Escolio

Resumen: el yo poético homenajea la poesía popular andaluza, conocida bajo el nombre de «cantar», o copla, generalmente de arte menor y musicalizada. Destaca su contenido triste, honesto, popular y dolorido. El cantar es un modo de reflexión sobre la vida y sus penalidades y azares negros, que se sobrellevan mejor si se cantan con arte.

Tema: elogio del cantar andaluz como un arte literario sincero, honesto y popular.

Aspectos métricos: los veinticuatro versos dodecasílabos están distribuidos en seis estrofas de cuatro versos; el tercer verso de cada estrofa es trisílabo; funciona como un estribillo y se repite: «Cantares…». Cada estrofa mantiene la rima consonante AAA, pero cambiando en cada una de ellas; la primera y la última la repiten en í-a. Estamos ante una genial invención estrófica de nuestro poeta. Imita, genialmente, el ritmo del cantar popular andaluz.

Rasgos estilísticos: estamos ante un tributo de Manuel Machado a la poesía popular andaluza; antes que él ya lo habían hecho otros, como el gran Augusto Ferrán, amigo del alma de Bécquer. De esta poesía folclórica destaca su radical honestidad, o verdad, su tono dolorido, apenado y triste y su alegría como un modo de burlar la «negra suerte» de la vida. Aparece un tono invocativo, pues el yo poético apela, algo indirectamente, a la madre (v. 17). La palabra «pena» se repite cuatro veces, lo que nos indica su absoluta relevancia; el cantar es, en el fondo, triste, y en la forma, alegre. Por eso el cantar es «Algo que acaricia y algo que desgarra», hermoso y doloroso al mismo tiempo. En efecto, las paradojas saltean todo el poema, como «Cantando la pena, la pena se olvida». Los efectos auditivos y cromáticos son importantes, como, por ejemplo, la repetición de «negro», para connotar tristeza, a lo largo de varios versos. La tremenda originalidad del poema, con el estribillo incrustado en cada estrofa, con un pie quebrado muy acusado (de tres sílabas, frente a las doce del verso normal), lo hace aún más valioso. Estamos ante un admirable poema lleno de encanto y verdad.

 


  1. Dolientes madrigales


I


Por una de esas raras reflexiones

de la luz, que los físicos

explicarán llenando

de fórmulas un libro...

Mirándome las manos

–como hacen los enfermeros de continuo–

veo en la faceta de un diamante, en una

faceta del diamante de mi anillo,

reflejarse tu cara, mientras piensas

que divago o medito

o sueño... He descubierto,

por azar, este medio tan sencillo

de verte y ver tu corazón, que es otro

diamante puro y limpio.

Cuando me muera, déjame

en el dedo este anillo.


II


Estoy muy mal... Sonrío

porque el desprecio del dolor me asiste,

porque aún miro lo bello en torno mío

y... por lo triste que es el estar triste.

Pero ya la fontana

del sentimiento mana

tan lenta y silenciosa, que su canto,

sonoro, otrora, como risa, es llanto.


III


Guardo, entre mis tesoros de cordura,

la nostalgia febril de la locura,

como gaje de ayer... para un mañana

que no ha de venir ya.


Mustia flor, que me recuerda la lozana

primavera y la risa entre la grana

de los labios... Fontana de ternura

que se ha secado ya.


Y así, no es en mí el canto, sino el cuento

–que «ayer» nos da tan sólo el argumento–;

y la canción es cosa para el día,

que ha declinado ya.


Ha llenado la noche el alma mía

y la sombra ha ahuyentado a la poesía...

Porque ya el día suspirado siento

que no amanecerá.


Escolio

Resumen: estamos ante tres poemas amorosos de contenido triste. En todos ellos, el yo poético  declara su amor acendrado y firme por la amada; en general, metaforizado como un diamante, una fontana y una flor. Sin embargo, ese amor se muere, o acaso se muere el yo poético, según reconoce en la parte final, de tono lúgubre, de cada poma. Se acaba la vida y el amor, lo que provoca dolor doble. «Dolientes» es el adjetivo del título y, en efecto, recoge muy bien el tono de estos poemas.

Tema: el amor justifica la existencia, pero aquel y esta desfallecen.

Aspectos métricos: como el propio título indica, estamos ante madrigales, que es «Poema breve, generalmente de tema amoroso, en que se combinan versos de siete y de once sílabas» (DLE).

Rasgos estilísticos: estos poemas están caracterizados por la brevedad, la evocación y la sugerencia. Aluden a un sentimiento que viene de atrás y pronostica que pronto morirá por las leyes inexorables de la vida. Aparecen juegos de palabras felices, como el famoso «Y así, no es en mí el canto, sino el cuento / –que «ayer» nos da tan sólo el argumento–». La elipsis es otro procedimiento estilístico muy llamativo; condensa el significado y comprime la connotación notablemente, dejando que el lector reconstruya el sentido total y personal del poema. Un ejemplo muy elocuente del ritmo suave, melancólico y sugerente lo encontramos en un fragmento del segundo madrigal:

Pero ya la fontana

del sentimiento mana

tan lenta y silenciosa, que su canto,

sonoro, otrora, como risa, es llanto.

Las cuasi aliteraciones, la antítesis conceptual y el símil nos aportan un potente significado connotativo. La expresividad y la destreza compositiva están a la vista.



  1. Mariposa negra


A Rubén Darío


La hora cárdena... La tarde

los velos se va quitando...

El velo de oro..., el de plata.

La hora cárdena...

«Aún es temprano».

«Nada veo sino el polvo

del camino...»

«Aún es temprano».


«¿Gritaron, madre?»

«No, hija;

nadie habló... ¿Lloras?...»

«Lo blanco

del camino que contemplo

las lágrimas me ha saltado...»

«No es eso...»

«Yo no sé, madre».

«Él vendrá, que aún es temprano».


«Madre, el humo se está quieto,

las nubes parecen mármol...,

y los árboles diríase,

que tienden abiertos brazos».


Un mendigo horrible pasa,

y hacia el castillo ha mirado.


Una negra mariposa

revolotea en el cuarto.

La hora cárdena... La tarde

los velos se va quitando...


El velo de oro, el de plata...,

el de celajes violados.

... Y el sol va a caer allá lejos,

guerrero herido en el campo.


¡Mal hayan los servidores

que sin su señor tornaron,

los que con él se partieron

y traen, sin él, su caballo!


Escolio

Resumen: este delicioso poema omite más de lo que cuenta. Narra líricamente una historia desgraciada de amor. Una joven noble espera la llegada de su amado de la guerra, presumiblemente. Vuelven los soldados servidores del amado, pero solo regresan con el caballo de él, que ha muerto en el campo de batalla («guerrero herido en el campo», v. 31)). La joven conversa con su madre, lamentando la ausencia de su amado; la madre la consuela y la exhorta a no perder la esperanza. Esta va como el discurrir del día, cada vez más oscuro y a punto de que cierre la noche. En la estrofa final, el yo poético cede su voz a la amante, que maldice a los servidores por haber regresado sin su amado.

Tema: la muerte del amado y el dolor irremediable de la amada, que espera inútilmente.

Aspectos métricos: los treinta y cinco versos del poema se agrupan en siete estrofas de distinta medida. Los versos son octosílabos, con alguna excepción, que son tetrasílabos. Se percibe una asonancia en á-o, pero sin una distribución regular. Estamos ante un poema en verso libre.

Rasgos estilísticos: este poema dialogado en su mayor parte imita las jarchas y otras poesías populares de la alta Edad Media. La joven lamenta la ausencia de su amado, que ha ido a la guerra. Su ánimo va con el día; es la tarde, el sol declina y todo se vuelve oscuro. Finalmente, los sirvientes traen el caballo de su amado, pero sin jinete. Este ha muerto en circunstancias no desveladas y provoca el desgarro emocional de la joven. Los adjetivos cromáticos funcionan como un símbolo del estado de ánimo de la joven, sobre todo, el color «cárdeno». Las frecuentes suspensiones explican la angustia de la joven. El mendigo simboliza la mala suerte y la llegada de lo siniestro. La estrofa final es un hallazgo feliz. La joven exclama, profiriendo su dolor desconsolado al verificar que su amado está muerto. Los versos «Una negra mariposa / revolotea en el cuarto» condensan la significación del poema. El siniestro animal simboliza la muerte y la desgracia que ha caído sobre la pareja. El aire arcaizante del lenguaje es muy visible; sirve para crear un ambiente medieval, más o menos convencional.



  1. Otoño


En el parque, yo solo...

Han cerrado

y, olvidado

en el parque viejo, solo

me han dejado.


La hoja seca,

vagamente,

indolente,

roza el suelo...

Nada sé,

nada quiero,

nada espero.

Nada...


Solo

en el parque me han dejado

olvidado,

...y han cerrado.


Escolio

Resumen: este breve y sincrético poema expresa el sentimiento de soledad y decaimiento del yo poético al llegar el atardecer de un otoño. Se han olvidado de él y ha quedado encerrado en el parque. Se identifica con una hoja seca allí caída. Muestra un sentimiento de ataraxia. El poema, circular, acaba como empieza: la soledad en el encerramiento del yo poético en un parque.

Tema: soledad y abandono en el parque cerrado.

Aspectos métricos: los diecisiete versos del poema se agrupan en tres estrofas con distinto número de versos en su interior. Los versos son octosílabos, alternando con tetrasílabos; hay algún bisílabo. Se percibe una asonancia en á-o y en é-o, pero sin una distribución regular. Estamos ante un poema en verso libre; la primera estrofa se puede considerar una quintilla; en el resto, sobresale algún pareado.

Rasgos estilísticos: el poema está dominado por dos símbolos: el parque viejo y la hoja seca; los adjetivos no son baladíes. Los dos versos bisílabos están formados por las palabras «Solo» y «Nada». En sí mismos, son metáfora de la soledad radical del yo poético, abandonado a su suerte. La primera estrofa está encabalgada en todos sus versos; en la segunda, no aparece ningún encabalgamiento; en la tercera, uno. He aquí otra metáfora del abandono solitario del yo poético. Al parque lo han «cerrado»; a él, también.



  1. Antífona


Ven, reina de los besos, flor de la orgía,

amante sin amores, sonrisa loca...

Ven, que yo sé la pena de tu alegría

y el rezo de amargura que hay en tu boca.


Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;

conozco tu secreto, virgen impura;

Amor es enemigo de los placeres

en que los dos ahogamos nuestra amargura.


Amarnos... ¡Ya no es tiempo de que me ames!

A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.

¡Somos, a un mismo tiempo, santos e infames;

somos, a un tiempo mismo, pobres y reyes!


¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran

en el fondo nos guardan igual desprecio.

Y justas son las voces que nos desdoran...

Lo que vendemos ambos no tiene precio.


Así, los dos: tú, amores, yo poesía,

damos por oro a un mundo que despreciamos...

¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!...

Ven y reiremos juntos mientras lloramos.


Joven quiere en nosotros Naturaleza

hacer, entre poemas y bacanales,

el imperial regalo de la belleza,

luz, a la oscura senda de los mortales.


¡Ah! Levanta la frente, flor siempre viva,

que das encanto, aroma, placer, colores...

Diles, con esa fresca boca lasciva...,

¡que no son de este mundo nuestros amores!


Igual camino en suerte nos ha cabido,

un ansia igual nos lleva que no se agota,

hasta que se confundan en el olvido,

tu hermosura podrida, mi lira rota.


Crucemos nuestra calle de la Amargura

levantadas las frentes, juntas las manos...

¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura!

¡Hetairas y poetas somos hermanos!


Escolio

Resumen: el yo poético llama vehementemente a una «hetaira» (prostituta) para que se una a él y transiten juntos el camino de la vida. Ambos ofrecen hermosura, delicadeza y belleza a través de sus distintos procedimientos. Le advierte que son amados y despreciados en igual medida. Solicita su compañía para atravesar la «calle de la Amargura» con cierto orgullo y serenidad.

Tema: petición del yo poético a la prostituta para transitar juntos por la vida..

Aspectos métricos: los treinta y seis versos del poema son dodecasílabos y se agrupan en nueve estrofas. Cada una de ellas forma un serventesio, por su rima consonante ABAB, que va cambiando en cada una. 

Rasgos estilísticos: este poema, de aire modernista, presenta al yo poético como un ser maldito, marginado y despreciado por la sociedad. Por eso él se junta con la prostituta: comparten esos atributos. El título del poema, «Antífona» es irónico. Este es un «Breve pasaje, tomado por lo común de la Sagrada Escritura, que se canta o reza antes y después de los salmos y de los cánticos en las horas canónicas, y guarda relación con el oficio propio del día. Sin.: pasaje, versículo». No es un canto sagrado, sino bien profano y hasta escandaloso. El poema entero está traspasado de metáforas sensoriales que aluden a la belleza de ella y a la elegancia de la poesía del yo poético. Una estrofa que comprime muy bien todo el contenido es la quinta:


¡Ah! Levanta la frente, flor siempre viva,

que das encanto, aroma, placer, colores...

Diles, con esa fresca boca lasciva...,

¡que no son de este mundo nuestros amores!


En ella vemos el apóstrofe del yo poético dirigido a la meretriz, para que se pasee con orgullo porque transmite una serie de sensaciones codiciadas y placenteras, metáforas de otros secretos más ocultos. La metaforiza con «flor siempre viva». La adjetivación, cromática, viva, doble y llamativa es también metáfora de esa mujer. La exclamación retórica que cierra la estrofa reivindica ambas figuras y su interior, un amor auténtico. Por cierto, el yo poético siente pasión, devoción y respeto por ella. La razón es que ambos simbolizan lo mismo: la belleza, o acaso genialidad, incomprendida. Son «hermanos» en su forma de vivir.



  1. Dormir, morir


«Hijo, para descansar,

es necesario dormir,

no pensar,

no sentir,

no soñar...»


«Madre, para descansar,

morir».


Escolio

Resumen: este poema dialogado ofrece la perspectiva de la madre sobre cómo se puede acceder al descanso, a base de sueño y relajamiento; luego presenta la visión del hijo: solo se descansa cuando se muerte.

Tema: dos perspectivas opuestas sobre el descanso.

Aspectos métricos: los siete versos del poema están divididos en dos estrofas, que separan las intervenciones de los interlocutores, en estilo directo. El verso inicial es octosílabo; los demás, tetrasílabos, excepto el último, que trisílabo. No hay una rima regular, pero se repite cierta asonancia en á los versos impares, e í los pares. En conjunto, es un poema en verso libre.

Rasgos estilísticos: es un poema muy hermoso, sincrético, paralelístico y de aire popular. La madre interpela al hijo, a través de un apóstrofe, y lo mismo hace el hijo con su madre. La clase de palabra más importante es el infinitivo, introduciendo acción y un movimiento paralelístico muy interesante, metáfora de acceso al descanso y al sueño. La visión de la madre es optimista y razonable; la del hijo es radical y pesimista, porque para él «para descansar, / morir». Los ecos hamletianos de W. Shakespeare son bien visibles. El poema es agudo, bello, por sus paralelismos y metáforas, y tremendamente significativo, por su sentido último.



  1. Eleusis


A Miguel Sawa


Se perdió en las vagas

selvas de un ensueño,

y sólo de espaldas

la vi desde lejos...

Como una caricia

dorada, el cabello,

tendido, sus hombros

cubría. Y, al verlo,

siguióla mi alma

y fuese muy lejos,

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.


Se fue hasta el castillo

del burgrave fiero,

que está en la alta roca:

los puentes cayeron

y se despertaron

los sones del hierro.

Pasamos... Mi alma,

tras ella corriendo,

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.


Se fue hasta las verdes

llanuras de Jonia; y el templo

cruzó de Partenes.

Del mármol eterno

dejó las regiones...

Y se fue más lejos

con mi alma, 

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.


Oro y negras piedras,

y muros inmensos,

y tumbas enormes

-sepulcro de un pueblo

que mira hacia Oriente

con sus ojos muertos-.

Siguió... Y arrastraba

mi alma más lejos,

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.


Siguió; entre menhires

pasamos y horrendos

despojos de fieras...

Siguió; y a lo lejos,

perdióse en las selvas

oscuras del sueño

dejándome solo,

no sé si dormido o despierto.



Escolio

Resumen: este poema narra una historia onírica de amor arrebatado entre el yo poético y una joven muy bella que no le hace mucho caso. El marco geográfico es la ciudad de Eleusis. El yo poético se prenda de la joven y la sigue como hipnotizado. Atraviesan un castillo, campos, construcciones inquietantes, restos arqueológicos misteriosos y selvas. Al final, transitan por un camino con «despojos de fieras». Ella finalmente se pierde en las selvas. El yo poético queda solo y nos hace saber que todo fue un sueño.

Tema: experiencia onírica de un enamoramiento súbito que acaba con la desaparición de ella..

Aspectos métricos: los cuarenta y ocho versos del poema son heptasílabos, hexasílabos y algún octosílabo se agrupan en cinco estrofas, en general de ocho versos, pero también de diez y la primera, de doce. Los versos pares riman en asonante en é-o y los impares quedan libres. por la rima, estamos ante un romancillo. Los dos últimos versos de cada estrofa se repiten, de modo que funcionan de estribillo.

Rasgos estilísticos: estamos ante un poema muy rico en imágenes de naturaleza onírica. La belleza deslumbrante que el yo poético vislumbra funciona como un hechizo, pues su alma la sigue allí donde lo lleve, sin considerar el peligro. El estribillo establece que todo fue una ensoñación y el yo poético queda solo, se entiende que en el sueño y en la realidad de su vigilia. La adjetivación es expresiva y connotativa, como se puede ver en «tumbas enormes», «horrendos / despojos de fieras», «mármol eterno», etc. Colores, dimensiones, apreciaciones táctiles, o conceptuales van creando una red de significación que remiten al misterio, el peligro, lo ignoto y la Antigüedad. Como la joven al final se pierde entre selvas, debemos entender que lo engaña, o, simplemente, lo ignora. El yo poético vuelve a la realidad de su ser confundido y anhelante.


CONTEXTO DE MANUEL MACHADO


Vida y obra de Manuel Machado


Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid,1947) fue un excelente poeta y dramaturgo español, muy influido por el enmarcado en el modernismo que trajo a España Rubén Darío.  Era el hermano mayor del también poeta Antonio Machado, así como del pintor José Machado y otros dos hermanos. A los diez años, Manuel y su familia se mudó a Madrid, siguiendo al abuelo paterno, que accedió a una cátedra de la por entonces Universidad Central, luego la Complutense. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza; completó una licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla, en 1897. 

Su juventud madrileña fue bohemia y despreocupada, como la de su hermano Manuel. Comenzó a publicar poesías en revistas literarias madrileñas, como El Álbum Ibero-Americano. En la primavera de 1898, Manuel viajó a París para trabajar como traductor en la prestigiosa editorial Garnier. En 1902, aún en París, publicó su primer poemario: Alma; la propia palabra simboliza parte del ideario modernista y simbolista. En París compartió piso con figuras literarias muy conocidas de Hispanoamérica, pero por entonces no tan descollantes, como Enrique Gómez Carrillo, Amado Nervo y Rubén Darío. De regreso en España,en 1903, trabajó como periodista en el diario ABC, entre otras publicaciones. 

En la primera década de 1900 vive a caballo entre Madrid y Barcelona; acaba recalando de nuevo en Sevilla. Allí, se casa en 1910 Eulalia Cáceres Sierra, de treinta años de edad (Manuel está a punto de cumplir los 36). Se establecen en Madrid, llevando una vida arreglada, frente a los excesos anteriores.

En 1913, Manuel opositó y obtuvo una plaza de bibliotecario en la Universidad de Santiago de Compostela; luego se la permutaron por otra en la Biblioteca Nacional de Madrid. En 1914 alcanzó otra plaza de archivero en el Ayuntamiento de Madrid. En la Primera Guerra Mundial, dejó claro su favor a los aliados. 

En 1921, publicó el que se ha valorado como su mejor obra poética: Ars moriendi. A lo largo de los años veinte, Antonio y Manuel escriben teatro poético, en verso, sobre asuntos populares e históricos, con gran éxito de público y crítica. La pieza más conocida es La Lola se va a los puertos. En 1931 se adhiere a la república con entusiasmo y adopta posturas favorables a la Unión Soviética. Pronto adopta posturas más templadas y considera «detestables» los regímenes extremistas capitalistas y colectivistas. 

El estallido de la guerra civil española en julio de 1936 lo sorprendió Burgos, visitando, como hacía todos los años, junto con su esposa, Carmen Cáceres, religiosa amiga de un convento. Sus enemigos envidiosos minaron su fama, de modo que fue detenido unos días  en septiembre de 1936. En enero de 1938 lo nombran académico de la RAE; al mes siguiente pronunció su discurso de ingreso en Palacio de San Telmo de San Sebastián. Durante el acto lee, además, su conocido soneto laudatorio dedicado a Franco. Luego compuso otros  poemas de defensa del alzamiento. Al enterarse de la muerte de Antonio y de su madre en Colliure, visitó su tumba durante dos días, junto con su esposa Eulalia. 

En 1939 se reincorporó a su cargo de director de la Hemeroteca y del Museo Municipal de Madrid; fue al retiro poco después. Siguió escribiendo poesía, ahora de temática religiosa y católica. Falleció en Madrid en enero de 1947; recibió sepultura en el cementerio de La Almudena en un funeral solemne. Su viuda Eulalia donó la biblioteca y el archivo del matrimonio a la Diputación Provincial de Burgos (Institución Fernán González) y luego abrazó la vida religiosa, volcada en el auxilio de pobres y desvalidos. 


Obra

Manuel Machado cultivó, por un lado, las estrofas populares andaluzas, tales como la copla, la seguidilla, etc. De la tradición histórico tomó el romance, la cuaderna vía, etc.. De la lírica culta adoptó el soneto, la silva, etc.

Sus poemarios más interesantes son Alma (poesías) (¿1902?), Cante hondo (1912 y 1916), Ars moriendi (1921) y Horario: poemas religiosos (1947).

Al alimón con su hermano Antonio escribió piezas de teatro poético. Las más reconocidas son La Lola se va a los puertos (1929) y Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel (1926). Escribió algo de narrativa de ficción, ensayo, y algunas traducciones del francés. Tan pronto como en 1922 ya se publicaron sus Obras completas, signo de su relevancia y aprecio.


Rasgos generales de su poesía

  • Alternancia de temas serios y graves (la muerte, el sentido de la vida, el amor, la pena consustancial a la persona, etc.) con otros más ligeros (flirteos, ridiculizaciones, reescritura de personajes literarios históricos, etc.).

  • Empleo de formas estróficas clásicas, muchas veces modificadas, al estilo modernista.

  • Creación de un lenguaje poético personal en el que se combina el léxico más tradicional y esencial, a veces culto, con otro más popular y llano.

  • Empleo magistral de los procedimientos estilísticos, con gran oportunidad y acierto expresivo.

  • Cierto tono de tristeza, pena, y pesimismo vital.



PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen. Aunque las preguntas son generales, con el objetivo de que sean válidas para cualquier poema, se pueden modificar, suprimir o añadir otras).

1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (70 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta. 

7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿De qué o de quién se habla en este poema? 

2) Indica el movimiento temático que presenta el poema. 

3) ¿Qué importancia poética posee el uso de los adjetivos en el poema? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor del amor esencial? 

5) ¿En qué persona gramatical aparecen conjugados la mayoría de los verbos? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema? 

6) En el poema se evidencia cierta tensión entre la alegría y la pena; descríbelo. 

7) Señala los efectos sensoriales del poema (cromáticos, auditivos y táctiles, principalmente).

3. Fomento de la creatividad

1) Compón un poema o texto en prosa sobre el tema dl poema, más o menos inspirado en la composición que has leído de Manuel Machado.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre Manuel Machado y la clase. ¿Qué preguntas le harías sobre su poesía?

3) Realiza una exposición sobre Manuel Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes o textos inspirados en el tema y la literatura de Manuel Machado, según se ha leído en clase.