MANUEL MACHADO - Doce poemas seleccionados y analizados, seguidos de una propuesta didáctica
Yo, poeta decadente
Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente...,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.
Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía...
Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía... No sabemos nada.
Todo es conforme y según.
Escolio
Resumen: el yo poético hace una autorreflexión sobe sobre su estado físico y emocional; se confiesa cansado y harto de la vida bohemia y canalla. Lo ve todo con cierto escepticismo relativista y burlón. A falta de certezas, solo cabe cierto humor amargo.
Tema: declaración de intenciones hacia una vida escéptica y desengañada.
Aspectos métricos: los veintiún versos octosílabos, excepto dos tetrasílabos, del poema se distribuyen en tres estrofas con distinto número de versos. La rima consonante es original bonita. Por orden de aparición, observamos: una quintilla y dos redondillas en la primera estrofa; una cuarteta en la segunda; y una redondilla en la tercera.
Rasgos estilísticos: el tono algo burlón y sarcástico recorre todo el poema. Son especialmente significativos los versos:
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
Se ríe de su vida bohemia, que acaso no fue para tanto, y de los vicios nacionales. La última estrofa es muy original; realiza una exégesis del último verso de la estrofa anterior: «grabado en el alma mía...», para concluir que no hay certezas, sino incertidumbres.
Adelfos
A Miguel de Unamuno
Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
–soy de la raza mora, vieja amiga del Sol–,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español.
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.
En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...;
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.
Besos ¡pero no darlos! Gloria.... ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
¡Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y que jamás me obliguen el camino a elegir!
¡Ambición! No la tengo. ¡Amor! No lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud.
De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan, elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir! ...
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!
Escolio
Resumen: el yo poético hace un autorretrato crítico y resentido. No se encuentra a gusto con su vida, que no juzga como un éxito. Se ve abúlico, egoísta, desdeñoso y un tanto asocial. Sin embargo, se muestra superior en cuanto a gusto y estilo, cosa que nadie le podrá arrebatar; se muestra escéptico y displicente ante el amor.
Tema: autorretrato crítico, desencantado y displicente..
Aspectos métricos: los treinta y dos versos alejandrinos se agrupan en ocho estrofas. La rima consonante es ABAB, cambiando en cada estrofa; son, pues serventesios.
Rasgos estilísticos: la mezcla de un léxico popular con otro más culto crea una extraña frescura en este poema de balance de una vida. El yo poético reivindica su indolencia y su decepción ante la vida y, seguramente, ante sí mismo. La penúltima estrofa condensa el tono de melancolía algo resentida:
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...
Muestra cierta misantropía un tanto de salón, pero que a él le sirve para justificarse. La expresión está muy ajustada al contenido, como si fuera un texto ensayístico de larga maduración. Las frecuentes exclamaciones retóricas y las suspensiones delatan cierta agitación soterrada. Los adelfos, o adelfas, alude a la planta de hermosas flores, pero bastante tóxica. Su belleza exterior, pues sus flores emanan vistosidad y colorido, esconde un veneno peligroso. Acaso es metáfora de cómo se ve Manuel Machado.
Ars moriendi
I
Morir es... Una flor hay, en el sueño
–que, al despertar, no está ya en nuestras manos–,
de aromas y colores imposibles...
Y un día sin aurora la cortamos.
II
Dichoso es el que olvida
el porqué del viaje
y, en la estrella, en la flor, en el celaje,
deja su alma prendida.
III
Y yo había dicho: «¡Vive!»
Es decir: ama y besa,
escucha, mira, toca,
embriágate y sueña...
Y ahora suspiro: «¡Muérete!»
Es decir: calla, ciega,
abstente, para, olvida,
resígnate... y espera.
IV
Era un agua que se secó,
un aroma que se esfumó,
una lumbre que se apagó...
Y ya es sólo la aridez,
la insipidez,
la hez...
V
La Vida se aparece como un sueño
en nuestra infancia... Luego despertamos
a verla, y caminamos
el encanto buscándole risueño
que primero soñamos;
... y, como no lo hallamos,
buscándolo seguimos,
hasta que para siempre nos dormimos.
VI
¡Y Ella viene siempre! Desde que nacemos,
su paso, lejano o próximo, huella
el mismo sendero por donde corremos
hasta dar con Ella.
VII
Lleno estoy de sospechas de verdades
que no me sirven ya para la vida,
pero que me preparan dulcemente
a bien morir...
VIII
Mi pensamiento, como un sol ardiente,
ha cegado mi espíritu y secado
mi corazón ...
IX
El cuerpo joven, pero el alma helada,
sé que voy a morir, porque no amo
ya nada.
Escolio
Resumen: el yo poético reflexiona sobre el sentido de la vida y la inexorabilidad de la muerte. Advierte que la vida es breve; el hombre busca su camino, es decir, su sentido de la existencia, desde joven, pero no lo haya. Hacemos muchas cosas, pero no nos conducen a la respuesta de la razón de vivir, así que todo es frustrante. Creemos que el amor nos salva, pero tampoco es verdad. Y de este modo, nos acercamos al final. La muerte nos busca y nos encuentra.
Tema: las incertidumbres de la vida en contraste con la certeza de la muerte nos conduce a la amargura.
Aspectos métricos: los cuarenta y cuatro versos del poema se distribuyen en nueve secciones numeradas en romanos. La medida de los versos es muy desigual; va del trisílabo al endecasílabo. Aunque existen bastantes asonancias cercanas a la cuarteta, la redondilla y la tercerilla, no se mantiene una regularidad. Este es un poema en verso libre..
Rasgos estilísticos: este poema es muy rico en imágenes referenciadas al absurdo de la vida; se realizan, básicamente, a través de metáforas que destacan rasgos vitales de la vida, que apenas entendemos. El símil de la vida como un sueño, de raigambre clásica, nos indica la inconsistencia de nuestra existencia. Se llega a la máxima condensación del contenido en la estrofa o sección VII, cuando afirma:
Lleno estoy de sospechas de verdades
que no me sirven ya para la vida,
pero que me preparan dulcemente
a bien morir...
La amarga decepción del yo poético sobre las pocas posibilidades de alcanzar cierta felicidad y sentido de la existencia se imponen abrumadoramente. Solo tiene indicios de verdades, «sospechas», que si no valen para la vida, valen para la muerte. Si recordamos el título del poema, «Ars moriendi», entendemos muy bien que la negra reflexión gira en torno a cómo nos asaltará la muerte. Este es uno de los poemas más pesimistas y amargos de Manuel Machado, lejos de su imagen de poeta modernista ligero.
Castilla
A Manuel Reina. Gran poeta
El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca,
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El Cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, ioh Cid!, no ganáis nada».
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.
Escolio
Resumen: este bellísimo poema es una paráfrasis o recreación bastante apegada al texto original de un fragmento del Poema de Mio Cid. El Cid parte al destierro, llega a la ciudad de Burgos, pide acogida en una posada, pero nadie responde y todas las puertas están cerradas. Una niña de nueve años le dice que no lo pueden acoger por las terribles represalias del rey. El Cid comprende la situación y con sus doce hombres se pone en marcha en condiciones penosas de calor, sed y cansancio atravesando «la terrible estepa castellana».
Tema: el Cid llega a Burgos, nadie lo acoge y sigue su camino del destierro..
Aspectos métricos: los treinta y cuatro versos endecasílabos y heptasílabos se distribuyen en siete estrofas de desigual medida. Forman una silva. La rima es regular: riman los versos pares en á-a y los impares quedan libres; forman, pues, un romance.
Rasgos estilísticos: este hermosísimo poema es una recreación, o variación, de uno de los pasajes más célebres del primer cantar de gesta español. La paráfrasis es perfecta en el contenido, en el tono y en el hábil manejo de los recursos estilísticos, pues trasladan la atmósfera de agobio, cansancio de los hombres del Cid. Pero no han perdido su humanidad, pues ni maltratan ni desprecian a la niña que les explica la situación. Las percepciones sensitivas son muy abundantes, las cromáticas especialmente, como se aprecia en la primera estrofa..Nos parece especialmente emotiva la penúltima estrofa:
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»
La antítesis entre el miedo y la fragilidad de la niña y la ruda entereza de los soldados está muy bien expresada. La adjetivación destaca los rasgos físicos y de carácter de ambos, aportando un dramatismo extremo. Es un excelente poema, lleno de vida, de color y de belleza.
Retablo
Ya están ambos a diestra del Padre deseado,
los dos santos varones, el chantre y el cantado,
el Grant Santo Domingo de Silos venerado
y el Maestre Gonzalo de Berceo nommado.
Yo veo al Santo como en la sabida prosa
fecha en nombre de Christo y de la Gloriosa:
la color amariella, la marcha fatigosa,
el cabello tirado, la frente luminosa...
Y a su lado el poeta, romeo peregrino,
sonríe a los de ahora que andamos el camino,
y el galardón nos muestra de su claro destino:
una palma de gloria y un vaso de buen vino.
Escolio
Resumen: este bellísimo y emotivo poema es un reconocimiento a dos personajes históricos de la Edad Media castellana, que ahora ya están al lado del Señor. Son santo Domingo de Silos (Cañas, La Rioja, 1070-Silos, Burgos, 1073) y Gonzalo de Berceo (Berceo, La Rioja, c. 1196-c. 1264). Destaca del primero su gravedad y piedad. De Gonzalo de Berceo resalta su espontaneidad amistosa, su habilidad literaria y su campechanía. Nos invita a conocerlos y respetarlos sabiendo que hay un premio final.
Tema: encomio de santo Domingo de Silos y Gonzalo de Berceo .
Aspectos métricos: los doce versos alejandrinos (tetradecasílabos) estan distribuidos en tres estrofas. Cada estrofa mantiene la rima consonante AAAA; son, pues tetrástrofos monorrimos, es decir, cuaderna vía.
Rasgos estilísticos: el loor del yo poético, identificable con Manuel Machado es emotivo y sincero. Los contempla a los dos en un retablo, bien pintados, bien tallados. La adjetivación es intencionada y totalmente feliz; «venerado» aplicado al santo, y «nommado» al poeta son expresivos y evocadores. El léxico, de sabor arcaizante y popular también aporta sentimiento de empatía. La propia estrofa elegida es un guiño al lector porque es la que empleó Berceo para sus libros principales, entre ellos Vida de Santo Domingo de Silos, precisamente la figura alabada por el poeta. Ambos personajes están separados por un siglo, pero compartieron monasterio: San Millán de la Cogolla. El verso final es de gran agudeza. A nosotros nos espera como premio, si los imitamos rectamente, «una palma de gloria y un vaso de buen vino», es decir, vida eterna y un discreto placer mundano. El poema es delicioso, sensible y bellísimo en su ejecución.
Cantares
Vino, sentimiento, guitarra y poesía,
hacen los cantares de la patria mía...
Cantares...
Quien dice cantares, dice Andalucía.
A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.
No importa la vida, que ya está perdida.
Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte;
ojos negros, negros, y negra la suerte.
Cantares...
En ellos, el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la patria mía...
Cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
Escolio
Resumen: el yo poético homenajea la poesía popular andaluza, conocida bajo el nombre de «cantar», o copla, generalmente de arte menor y musicalizada. Destaca su contenido triste, honesto, popular y dolorido. El cantar es un modo de reflexión sobre la vida y sus penalidades y azares negros, que se sobrellevan mejor si se cantan con arte.
Tema: elogio del cantar andaluz como un arte literario sincero, honesto y popular.
Aspectos métricos: los veinticuatro versos dodecasílabos están distribuidos en seis estrofas de cuatro versos; el tercer verso de cada estrofa es trisílabo; funciona como un estribillo y se repite: «Cantares…». Cada estrofa mantiene la rima consonante AAA, pero cambiando en cada una de ellas; la primera y la última la repiten en í-a. Estamos ante una genial invención estrófica de nuestro poeta. Imita, genialmente, el ritmo del cantar popular andaluz.
Rasgos estilísticos: estamos ante un tributo de Manuel Machado a la poesía popular andaluza; antes que él ya lo habían hecho otros, como el gran Augusto Ferrán, amigo del alma de Bécquer. De esta poesía folclórica destaca su radical honestidad, o verdad, su tono dolorido, apenado y triste y su alegría como un modo de burlar la «negra suerte» de la vida. Aparece un tono invocativo, pues el yo poético apela, algo indirectamente, a la madre (v. 17). La palabra «pena» se repite cuatro veces, lo que nos indica su absoluta relevancia; el cantar es, en el fondo, triste, y en la forma, alegre. Por eso el cantar es «Algo que acaricia y algo que desgarra», hermoso y doloroso al mismo tiempo. En efecto, las paradojas saltean todo el poema, como «Cantando la pena, la pena se olvida». Los efectos auditivos y cromáticos son importantes, como, por ejemplo, la repetición de «negro», para connotar tristeza, a lo largo de varios versos. La tremenda originalidad del poema, con el estribillo incrustado en cada estrofa, con un pie quebrado muy acusado (de tres sílabas, frente a las doce del verso normal), lo hace aún más valioso. Estamos ante un admirable poema lleno de encanto y verdad.
Dolientes madrigales
I
Por una de esas raras reflexiones
de la luz, que los físicos
explicarán llenando
de fórmulas un libro...
Mirándome las manos
–como hacen los enfermeros de continuo–
veo en la faceta de un diamante, en una
faceta del diamante de mi anillo,
reflejarse tu cara, mientras piensas
que divago o medito
o sueño... He descubierto,
por azar, este medio tan sencillo
de verte y ver tu corazón, que es otro
diamante puro y limpio.
Cuando me muera, déjame
en el dedo este anillo.
II
Estoy muy mal... Sonrío
porque el desprecio del dolor me asiste,
porque aún miro lo bello en torno mío
y... por lo triste que es el estar triste.
Pero ya la fontana
del sentimiento mana
tan lenta y silenciosa, que su canto,
sonoro, otrora, como risa, es llanto.
III
Guardo, entre mis tesoros de cordura,
la nostalgia febril de la locura,
como gaje de ayer... para un mañana
que no ha de venir ya.
Mustia flor, que me recuerda la lozana
primavera y la risa entre la grana
de los labios... Fontana de ternura
que se ha secado ya.
Y así, no es en mí el canto, sino el cuento
–que «ayer» nos da tan sólo el argumento–;
y la canción es cosa para el día,
que ha declinado ya.
Ha llenado la noche el alma mía
y la sombra ha ahuyentado a la poesía...
Porque ya el día suspirado siento
que no amanecerá.
Escolio
Resumen: estamos ante tres poemas amorosos de contenido triste. En todos ellos, el yo poético declara su amor acendrado y firme por la amada; en general, metaforizado como un diamante, una fontana y una flor. Sin embargo, ese amor se muere, o acaso se muere el yo poético, según reconoce en la parte final, de tono lúgubre, de cada poma. Se acaba la vida y el amor, lo que provoca dolor doble. «Dolientes» es el adjetivo del título y, en efecto, recoge muy bien el tono de estos poemas.
Tema: el amor justifica la existencia, pero aquel y esta desfallecen.
Aspectos métricos: como el propio título indica, estamos ante madrigales, que es «Poema breve, generalmente de tema amoroso, en que se combinan versos de siete y de once sílabas» (DLE).
Rasgos estilísticos: estos poemas están caracterizados por la brevedad, la evocación y la sugerencia. Aluden a un sentimiento que viene de atrás y pronostica que pronto morirá por las leyes inexorables de la vida. Aparecen juegos de palabras felices, como el famoso «Y así, no es en mí el canto, sino el cuento / –que «ayer» nos da tan sólo el argumento–». La elipsis es otro procedimiento estilístico muy llamativo; condensa el significado y comprime la connotación notablemente, dejando que el lector reconstruya el sentido total y personal del poema. Un ejemplo muy elocuente del ritmo suave, melancólico y sugerente lo encontramos en un fragmento del segundo madrigal:
Pero ya la fontana
del sentimiento mana
tan lenta y silenciosa, que su canto,
sonoro, otrora, como risa, es llanto.
Las cuasi aliteraciones, la antítesis conceptual y el símil nos aportan un potente significado connotativo. La expresividad y la destreza compositiva están a la vista.
Mariposa negra
A Rubén Darío
La hora cárdena... La tarde
los velos se va quitando...
El velo de oro..., el de plata.
La hora cárdena...
«Aún es temprano».
«Nada veo sino el polvo
del camino...»
«Aún es temprano».
«¿Gritaron, madre?»
«No, hija;
nadie habló... ¿Lloras?...»
«Lo blanco
del camino que contemplo
las lágrimas me ha saltado...»
«No es eso...»
«Yo no sé, madre».
«Él vendrá, que aún es temprano».
«Madre, el humo se está quieto,
las nubes parecen mármol...,
y los árboles diríase,
que tienden abiertos brazos».
Un mendigo horrible pasa,
y hacia el castillo ha mirado.
Una negra mariposa
revolotea en el cuarto.
La hora cárdena... La tarde
los velos se va quitando...
El velo de oro, el de plata...,
el de celajes violados.
... Y el sol va a caer allá lejos,
guerrero herido en el campo.
¡Mal hayan los servidores
que sin su señor tornaron,
los que con él se partieron
y traen, sin él, su caballo!
Escolio
Resumen: este delicioso poema omite más de lo que cuenta. Narra líricamente una historia desgraciada de amor. Una joven noble espera la llegada de su amado de la guerra, presumiblemente. Vuelven los soldados servidores del amado, pero solo regresan con el caballo de él, que ha muerto en el campo de batalla («guerrero herido en el campo», v. 31)). La joven conversa con su madre, lamentando la ausencia de su amado; la madre la consuela y la exhorta a no perder la esperanza. Esta va como el discurrir del día, cada vez más oscuro y a punto de que cierre la noche. En la estrofa final, el yo poético cede su voz a la amante, que maldice a los servidores por haber regresado sin su amado.
Tema: la muerte del amado y el dolor irremediable de la amada, que espera inútilmente.
Aspectos métricos: los treinta y cinco versos del poema se agrupan en siete estrofas de distinta medida. Los versos son octosílabos, con alguna excepción, que son tetrasílabos. Se percibe una asonancia en á-o, pero sin una distribución regular. Estamos ante un poema en verso libre.
Rasgos estilísticos: este poema dialogado en su mayor parte imita las jarchas y otras poesías populares de la alta Edad Media. La joven lamenta la ausencia de su amado, que ha ido a la guerra. Su ánimo va con el día; es la tarde, el sol declina y todo se vuelve oscuro. Finalmente, los sirvientes traen el caballo de su amado, pero sin jinete. Este ha muerto en circunstancias no desveladas y provoca el desgarro emocional de la joven. Los adjetivos cromáticos funcionan como un símbolo del estado de ánimo de la joven, sobre todo, el color «cárdeno». Las frecuentes suspensiones explican la angustia de la joven. El mendigo simboliza la mala suerte y la llegada de lo siniestro. La estrofa final es un hallazgo feliz. La joven exclama, profiriendo su dolor desconsolado al verificar que su amado está muerto. Los versos «Una negra mariposa / revolotea en el cuarto» condensan la significación del poema. El siniestro animal simboliza la muerte y la desgracia que ha caído sobre la pareja. El aire arcaizante del lenguaje es muy visible; sirve para crear un ambiente medieval, más o menos convencional.
Otoño
En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.
La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...
Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
...y han cerrado.
Escolio
Resumen: este breve y sincrético poema expresa el sentimiento de soledad y decaimiento del yo poético al llegar el atardecer de un otoño. Se han olvidado de él y ha quedado encerrado en el parque. Se identifica con una hoja seca allí caída. Muestra un sentimiento de ataraxia. El poema, circular, acaba como empieza: la soledad en el encerramiento del yo poético en un parque.
Tema: soledad y abandono en el parque cerrado.
Aspectos métricos: los diecisiete versos del poema se agrupan en tres estrofas con distinto número de versos en su interior. Los versos son octosílabos, alternando con tetrasílabos; hay algún bisílabo. Se percibe una asonancia en á-o y en é-o, pero sin una distribución regular. Estamos ante un poema en verso libre; la primera estrofa se puede considerar una quintilla; en el resto, sobresale algún pareado.
Rasgos estilísticos: el poema está dominado por dos símbolos: el parque viejo y la hoja seca; los adjetivos no son baladíes. Los dos versos bisílabos están formados por las palabras «Solo» y «Nada». En sí mismos, son metáfora de la soledad radical del yo poético, abandonado a su suerte. La primera estrofa está encabalgada en todos sus versos; en la segunda, no aparece ningún encabalgamiento; en la tercera, uno. He aquí otra metáfora del abandono solitario del yo poético. Al parque lo han «cerrado»; a él, también.
Antífona
Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca...
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.
Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
Amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.
Amarnos... ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos, a un mismo tiempo, santos e infames;
somos, a un tiempo mismo, pobres y reyes!
¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran...
Lo que vendemos ambos no tiene precio.
Así, los dos: tú, amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos...
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!...
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.
Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.
¡Ah! Levanta la frente, flor siempre viva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Diles, con esa fresca boca lasciva...,
¡que no son de este mundo nuestros amores!
Igual camino en suerte nos ha cabido,
un ansia igual nos lleva que no se agota,
hasta que se confundan en el olvido,
tu hermosura podrida, mi lira rota.
Crucemos nuestra calle de la Amargura
levantadas las frentes, juntas las manos...
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura!
¡Hetairas y poetas somos hermanos!
Escolio
Resumen: el yo poético llama vehementemente a una «hetaira» (prostituta) para que se una a él y transiten juntos el camino de la vida. Ambos ofrecen hermosura, delicadeza y belleza a través de sus distintos procedimientos. Le advierte que son amados y despreciados en igual medida. Solicita su compañía para atravesar la «calle de la Amargura» con cierto orgullo y serenidad.
Tema: petición del yo poético a la prostituta para transitar juntos por la vida..
Aspectos métricos: los treinta y seis versos del poema son dodecasílabos y se agrupan en nueve estrofas. Cada una de ellas forma un serventesio, por su rima consonante ABAB, que va cambiando en cada una.
Rasgos estilísticos: este poema, de aire modernista, presenta al yo poético como un ser maldito, marginado y despreciado por la sociedad. Por eso él se junta con la prostituta: comparten esos atributos. El título del poema, «Antífona» es irónico. Este es un «Breve pasaje, tomado por lo común de la Sagrada Escritura, que se canta o reza antes y después de los salmos y de los cánticos en las horas canónicas, y guarda relación con el oficio propio del día. Sin.: pasaje, versículo». No es un canto sagrado, sino bien profano y hasta escandaloso. El poema entero está traspasado de metáforas sensoriales que aluden a la belleza de ella y a la elegancia de la poesía del yo poético. Una estrofa que comprime muy bien todo el contenido es la quinta:
¡Ah! Levanta la frente, flor siempre viva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Diles, con esa fresca boca lasciva...,
¡que no son de este mundo nuestros amores!
En ella vemos el apóstrofe del yo poético dirigido a la meretriz, para que se pasee con orgullo porque transmite una serie de sensaciones codiciadas y placenteras, metáforas de otros secretos más ocultos. La metaforiza con «flor siempre viva». La adjetivación, cromática, viva, doble y llamativa es también metáfora de esa mujer. La exclamación retórica que cierra la estrofa reivindica ambas figuras y su interior, un amor auténtico. Por cierto, el yo poético siente pasión, devoción y respeto por ella. La razón es que ambos simbolizan lo mismo: la belleza, o acaso genialidad, incomprendida. Son «hermanos» en su forma de vivir.
Dormir, morir
«Hijo, para descansar,
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir,
no soñar...»
«Madre, para descansar,
morir».
Escolio
Resumen: este poema dialogado ofrece la perspectiva de la madre sobre cómo se puede acceder al descanso, a base de sueño y relajamiento; luego presenta la visión del hijo: solo se descansa cuando se muerte.
Tema: dos perspectivas opuestas sobre el descanso.
Aspectos métricos: los siete versos del poema están divididos en dos estrofas, que separan las intervenciones de los interlocutores, en estilo directo. El verso inicial es octosílabo; los demás, tetrasílabos, excepto el último, que trisílabo. No hay una rima regular, pero se repite cierta asonancia en á los versos impares, e í los pares. En conjunto, es un poema en verso libre.
Rasgos estilísticos: es un poema muy hermoso, sincrético, paralelístico y de aire popular. La madre interpela al hijo, a través de un apóstrofe, y lo mismo hace el hijo con su madre. La clase de palabra más importante es el infinitivo, introduciendo acción y un movimiento paralelístico muy interesante, metáfora de acceso al descanso y al sueño. La visión de la madre es optimista y razonable; la del hijo es radical y pesimista, porque para él «para descansar, / morir». Los ecos hamletianos de W. Shakespeare son bien visibles. El poema es agudo, bello, por sus paralelismos y metáforas, y tremendamente significativo, por su sentido último.
Eleusis
A Miguel Sawa
Se perdió en las vagas
selvas de un ensueño,
y sólo de espaldas
la vi desde lejos...
Como una caricia
dorada, el cabello,
tendido, sus hombros
cubría. Y, al verlo,
siguióla mi alma
y fuese muy lejos,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.
Se fue hasta el castillo
del burgrave fiero,
que está en la alta roca:
los puentes cayeron
y se despertaron
los sones del hierro.
Pasamos... Mi alma,
tras ella corriendo,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.
Se fue hasta las verdes
llanuras de Jonia; y el templo
cruzó de Partenes.
Del mármol eterno
dejó las regiones...
Y se fue más lejos
con mi alma,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.
Oro y negras piedras,
y muros inmensos,
y tumbas enormes
-sepulcro de un pueblo
que mira hacia Oriente
con sus ojos muertos-.
Siguió... Y arrastraba
mi alma más lejos,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.
Siguió; entre menhires
pasamos y horrendos
despojos de fieras...
Siguió; y a lo lejos,
perdióse en las selvas
oscuras del sueño
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.
Escolio
Resumen: este poema narra una historia onírica de amor arrebatado entre el yo poético y una joven muy bella que no le hace mucho caso. El marco geográfico es la ciudad de Eleusis. El yo poético se prenda de la joven y la sigue como hipnotizado. Atraviesan un castillo, campos, construcciones inquietantes, restos arqueológicos misteriosos y selvas. Al final, transitan por un camino con «despojos de fieras». Ella finalmente se pierde en las selvas. El yo poético queda solo y nos hace saber que todo fue un sueño.
Tema: experiencia onírica de un enamoramiento súbito que acaba con la desaparición de ella..
Aspectos métricos: los cuarenta y ocho versos del poema son heptasílabos, hexasílabos y algún octosílabo se agrupan en cinco estrofas, en general de ocho versos, pero también de diez y la primera, de doce. Los versos pares riman en asonante en é-o y los impares quedan libres. por la rima, estamos ante un romancillo. Los dos últimos versos de cada estrofa se repiten, de modo que funcionan de estribillo.
Rasgos estilísticos: estamos ante un poema muy rico en imágenes de naturaleza onírica. La belleza deslumbrante que el yo poético vislumbra funciona como un hechizo, pues su alma la sigue allí donde lo lleve, sin considerar el peligro. El estribillo establece que todo fue una ensoñación y el yo poético queda solo, se entiende que en el sueño y en la realidad de su vigilia. La adjetivación es expresiva y connotativa, como se puede ver en «tumbas enormes», «horrendos / despojos de fieras», «mármol eterno», etc. Colores, dimensiones, apreciaciones táctiles, o conceptuales van creando una red de significación que remiten al misterio, el peligro, lo ignoto y la Antigüedad. Como la joven al final se pierde entre selvas, debemos entender que lo engaña, o, simplemente, lo ignora. El yo poético vuelve a la realidad de su ser confundido y anhelante.
CONTEXTO DE MANUEL MACHADO
Vida y obra de Manuel Machado
Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid,1947) fue un excelente poeta y dramaturgo español, muy influido por el enmarcado en el modernismo que trajo a España Rubén Darío. Era el hermano mayor del también poeta Antonio Machado, así como del pintor José Machado y otros dos hermanos. A los diez años, Manuel y su familia se mudó a Madrid, siguiendo al abuelo paterno, que accedió a una cátedra de la por entonces Universidad Central, luego la Complutense. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza; completó una licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla, en 1897.
Su juventud madrileña fue bohemia y despreocupada, como la de su hermano Manuel. Comenzó a publicar poesías en revistas literarias madrileñas, como El Álbum Ibero-Americano. En la primavera de 1898, Manuel viajó a París para trabajar como traductor en la prestigiosa editorial Garnier. En 1902, aún en París, publicó su primer poemario: Alma; la propia palabra simboliza parte del ideario modernista y simbolista. En París compartió piso con figuras literarias muy conocidas de Hispanoamérica, pero por entonces no tan descollantes, como Enrique Gómez Carrillo, Amado Nervo y Rubén Darío. De regreso en España,en 1903, trabajó como periodista en el diario ABC, entre otras publicaciones.
En la primera década de 1900 vive a caballo entre Madrid y Barcelona; acaba recalando de nuevo en Sevilla. Allí, se casa en 1910 Eulalia Cáceres Sierra, de treinta años de edad (Manuel está a punto de cumplir los 36). Se establecen en Madrid, llevando una vida arreglada, frente a los excesos anteriores.
En 1913, Manuel opositó y obtuvo una plaza de bibliotecario en la Universidad de Santiago de Compostela; luego se la permutaron por otra en la Biblioteca Nacional de Madrid. En 1914 alcanzó otra plaza de archivero en el Ayuntamiento de Madrid. En la Primera Guerra Mundial, dejó claro su favor a los aliados.
En 1921, publicó el que se ha valorado como su mejor obra poética: Ars moriendi. A lo largo de los años veinte, Antonio y Manuel escriben teatro poético, en verso, sobre asuntos populares e históricos, con gran éxito de público y crítica. La pieza más conocida es La Lola se va a los puertos. En 1931 se adhiere a la república con entusiasmo y adopta posturas favorables a la Unión Soviética. Pronto adopta posturas más templadas y considera «detestables» los regímenes extremistas capitalistas y colectivistas.
El estallido de la guerra civil española en julio de 1936 lo sorprendió Burgos, visitando, como hacía todos los años, junto con su esposa, Carmen Cáceres, religiosa amiga de un convento. Sus enemigos envidiosos minaron su fama, de modo que fue detenido unos días en septiembre de 1936. En enero de 1938 lo nombran académico de la RAE; al mes siguiente pronunció su discurso de ingreso en Palacio de San Telmo de San Sebastián. Durante el acto lee, además, su conocido soneto laudatorio dedicado a Franco. Luego compuso otros poemas de defensa del alzamiento. Al enterarse de la muerte de Antonio y de su madre en Colliure, visitó su tumba durante dos días, junto con su esposa Eulalia.
En 1939 se reincorporó a su cargo de director de la Hemeroteca y del Museo Municipal de Madrid; fue al retiro poco después. Siguió escribiendo poesía, ahora de temática religiosa y católica. Falleció en Madrid en enero de 1947; recibió sepultura en el cementerio de La Almudena en un funeral solemne. Su viuda Eulalia donó la biblioteca y el archivo del matrimonio a la Diputación Provincial de Burgos (Institución Fernán González) y luego abrazó la vida religiosa, volcada en el auxilio de pobres y desvalidos.
Obra
Manuel Machado cultivó, por un lado, las estrofas populares andaluzas, tales como la copla, la seguidilla, etc. De la tradición histórico tomó el romance, la cuaderna vía, etc.. De la lírica culta adoptó el soneto, la silva, etc.
Sus poemarios más interesantes son Alma (poesías) (¿1902?), Cante hondo (1912 y 1916), Ars moriendi (1921) y Horario: poemas religiosos (1947).
Al alimón con su hermano Antonio escribió piezas de teatro poético. Las más reconocidas son La Lola se va a los puertos (1929) y Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel (1926). Escribió algo de narrativa de ficción, ensayo, y algunas traducciones del francés. Tan pronto como en 1922 ya se publicaron sus Obras completas, signo de su relevancia y aprecio.
Rasgos generales de su poesía
Alternancia de temas serios y graves (la muerte, el sentido de la vida, el amor, la pena consustancial a la persona, etc.) con otros más ligeros (flirteos, ridiculizaciones, reescritura de personajes literarios históricos, etc.).
Empleo de formas estróficas clásicas, muchas veces modificadas, al estilo modernista.
Creación de un lenguaje poético personal en el que se combina el léxico más tradicional y esencial, a veces culto, con otro más popular y llano.
Empleo magistral de los procedimientos estilísticos, con gran oportunidad y acierto expresivo.
Cierto tono de tristeza, pena, y pesimismo vital.
PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen. Aunque las preguntas son generales, con el objetivo de que sean válidas para cualquier poema, se pueden modificar, suprimir o añadir otras).
1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (70 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿De qué o de quién se habla en este poema?
2) Indica el movimiento temático que presenta el poema.
3) ¿Qué importancia poética posee el uso de los adjetivos en el poema?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor del amor esencial?
5) ¿En qué persona gramatical aparecen conjugados la mayoría de los verbos? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema?
6) En el poema se evidencia cierta tensión entre la alegría y la pena; descríbelo.
7) Señala los efectos sensoriales del poema (cromáticos, auditivos y táctiles, principalmente).
3. Fomento de la creatividad
1) Compón un poema o texto en prosa sobre el tema dl poema, más o menos inspirado en la composición que has leído de Manuel Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre Manuel Machado y la clase. ¿Qué preguntas le harías sobre su poesía?
3) Realiza una exposición sobre Manuel Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes o textos inspirados en el tema y la literatura de Manuel Machado, según se ha leído en clase.