Riberas del Bernesga, León (X-2020) © SVM |
ANTONIO
BUERO VALLEJO: EN LA ARDIENTE OSCURIDAD
- ANÁLISIS
- Resumen
La
acción dramática discurre en una residencia de estudiantes ciegos o invidentes.
Son sobre cien muchachos y muchachas que comienzan un nuevo curso escolar.
Llega un nuevo alumno, Ignacio, parece que algo retraído y poco sociable. Don
Pablo, ciego él mismo, es el director del internado; acoge al nuevo con
amabilidad. El ambiente en la residencia es de tranquilidad, optimismo y alegre
camaradería. Todos ellos hacen vida sin bastón porque conocen bien la
residencia y porque tratan de llevar una vida normal, parecida a los videntes.
Carlos es el residente más aplomado y juicioso. Es novio de Juana, una chica
compasiva y de buen corazón, que solo busca la felicidad de los demás. Miguel,
el gracioso del grupo, gasta bromas sin parar y es novio de Elisa. Ignacio comparte
cuarto con Miguel, justamente porque este es divertido y alegre y don Pablo y
su mujer, vidente, doña Pepita, esperan que sirva de revulsivo para el chico y
lo anime.
Ignacio
no participa en los juegos deportivos, es retraído, algo desaliñado en su
vestir y de vida solitaria. Muestra una visión sombría de la vida. No poder ver
le amarga la existencia porque se ve limitado e incapaz de hacer y gozar de una
vida normal. Le molesta que se rían de él, que se apiaden de él y, sobre todo,
que sus compañeros de residencia se consideren normales. Al final del acto I
pretende abandonar la residencia, pero Juana lo convence para que quede,
estudie y pueda llevar una vida normal.
Él
insiste en sus ideas de que su vida es muy limitada y frustrante, aunque se empeñen
en creer otra cosa. Al final del acto II, es Juana quien le pide que se vaya,
pero él reacciona declarándole su amor y besándola apasionadamente. Varias
chicas se sienten atraídas por él y lo buscan para gozar de su compañía. Miguel
descuida su relación con Elisa, influido por las ideas pesimistas y amargas de
Ignacio. Elisa se siente desdichada por ello.
En
el acto III Carlos le pide a Ignacio que abandone la residencia porque su
influencia negativa afecta a todos ellos. Ahora, visten descuidadamente y su
participación en los deportes es descuidada y torpe. Carlos amenaza a Ignacio
con graves consecuencias si no se va, pero este le recuerda que no lo hace
porque está enamorado de Juana, pues el amor lo ha redimido. Incluso se siente
algo optimista y decidido a luchar por su felicidad con Juana. Don Pablo doña
Pepita le piden a Carlos que le insinúe a Ignacio que lo mejor para todos es
que se vaya, cuando este ya lo había hecho. Tras esta discusión, Ignacio sale a
tomar el fresco.
Carlos
sale a acompañarlo, pero con aviesas intenciones. Doña Pepita ve por la ventana
cómo Carlos sube el cuerpo muerto de Ignacio por las escaleras del tobogán; una
vez en lo alto de la torreta, lo precipita al suelo. Todos salen corriendo ante
los gritos y comprueban horrorizados que Ignacio está muerto. Miguel dice que
intentaba practicar de noche los deportes en los que era muy torpe; los demás
lo creen; Elisa se acerca a él y se reconcilian; pasa a ser la versión oficial,
que don Pablo transmitirá a las autoridades y al padre. Doña Pepita, en la
escena final, le dice que tal vez pudo ver por la ventana lo que pasó; le
ofrece consuelo al chico; pero Carlos se niega en redondo a admitir tal
hipótesis y menos sentirse asesino, pues eso no ocurrió. Descamisado, violento
y descompuesto, se dirige a la ventana. En su intervención final, a modo de
soliloquio, Carlos repite unas palabras de Ignacio en su conversación previa:
“...Y ahora están brillando las estrellas con todo su esplendor, y los videntes
gozan de su presencia maravillosa. Esos mundos lejanísimos están ahí, tras los
cristales... (Sus manos, como las alas de
un pájaro herido, tiemblan y repiquetean contra la cárcel misteriosa del
cristal.) ¡Al alcance de nuestra vista!... si la tuviéramos...
- Tema
y apartados temáticos
Esta
obra es muy simbólica e incluso parabólica, lo que determina nuestra percepción
lectora. El tema se puede enunciar así: la búsqueda de la verdad y la
aceptación de la realidad puede ser un camino doloroso y áspero cuyo final
trágico podría mostrar la inutilidad de todo esfuerzo.
Esta
pieza posee una construcción dramática clásica: tres actos, sin escenas en su
interior. El primero corresponde a la presentación de los personajes y el
conflicto; el segundo es un desarrollo y agudización de las tensiones entre los
personajes. El tercero y último presenta el clímax dramático con su trágico y
amargo desenlace. La construcción de los personajes y de la intriga es
sostenida, densa y matizada, de modo que el lector se ve envuelto en la
atmósfera teatral, que sigue con interés reflexivo.
- Personajes
-Carlos:
es un joven serio, juicioso y responsable. Los demás le conceden autoridad
moral. Sale con Juana y se quieren sinceramente. Defiende que todos son felices
en la residencia y que su vida es equiparable a la de los videntes. Está muy
seguro de sí mismo, aunque Ignacio le inflige algunas derrotas dialécticas. Su
carácter va cambiando a raíz de que Juana lo abandone por Ignacio. Tanto, que
al final, asesina a Ignacio, acaso para recuperar a la chica, o para
restablecer el equilibrio en la residencia. Parece que, al final, comprende y
admite las ideas de Ignacio.
-Ignacio:
es un joven que comienza amargado y taciturno, desesperanzado por la ceguera.
No cree en el mundo aparentemente feliz de la residencia. Cree que su
minusvalía lo condena a la amargura y a no poder ser feliz. Piensa que la vida
en la residencia es una farsa llena de frivolidad y autoengaño. Cuando descubre
el amor en Juana, al final del segundo acto, cambia bastante. Admite que se
puede ser feliz, a pesar de las dificultades. Justo en ese momento Carlos lo
elimina.
-Miguel:
es el chico gracioso y alegre del grupo. Le saca punta a todo y anima a los
demás con sus chistes y bromas. Forma pareja con Elisa, cuyo amor es
correspondido. A la altura del segundo acto se ve influido por las ideas de
Ignacio y se desinteresa por su novia, la que sufre por ello. Al final, tiene
un papel determinante porque urde la explicación del “accidente” que acabó con
la vida de Ignacio. Se alía, así, con Carlos, para que todo recupere la
atmósfera de felicidad previa.
-Don
Pablo: invidente, adulto, es el director de la residencia. Su preocupación es
que todo marche bien, guardar las apariencias y velar por el buen nombre de su
centro. Está casado con doña Pepita. Ignacio sospecha que es muy fea, de ahí
que se casara con don Pablo.
-Juana:
es una de las chicas de la residencia. Novia de Carlos, acaba por enamorarse de
Ignacio. De natural bondadoso y compasivo, es víctima de todos los demás, sin
comprender muy bien el rumbo que toman las cosas.
-Elisa:
es la novia de Miguel, pero se siente abandonada por este, influido por las
ideas de Ignacio. Al final, se reconcilia con su novia, pues lo necesita y lo
ama.
-Doña
Pepita: es la única persona vidente. Su papel es secundario, pero al ver el
crimen, trata de hacerle ver a Carlos que conoce la verdad y que desea
ayudarlo, cosa que el joven rechaza airadamente.
Como
se puede ver, la mayoría de los personajes está formada por jóvenes de
alrededor de dieciocho años, estudiantes y en la flor de la vida. Su invidencia
se ve compensada por un estilo de vida ordenado, alegre y optimista. Ignacio es
el personaje distinto que no logra integrarse en ese ambiente tan fácilmente.
Él porta la semilla de la disidencia porque analiza su realidad con crudeza y
pesimismo.
- Lugar
y tiempo de la acción dramática
La
acción se desarrolla en una residencia para personas invidentes. De ella, una
sala de estar y otro salón de descanso son los dos lugares en los que se
desenvuelve la acción. Podemos ver que son espacios cerrados, amplios y de uso
compartido. Convienen muy bien al tipo de obra y su propósito, pues los
personajes se mueven por ese espacio escénico con soltura; es donde se buscan y
hacen vida social.
Sobre los aspectos temporales, conviene recordar que En la ardiente oscuridad se estrenó en 1950. Por el testimonio del propio dramaturgo, sabemos que la escribió en el mes de agosto de 1946; se trata, pues, de la primera obra compuesta por Buero Vallejo. El tiempo de la acción dramatizada coincide con el de la escritura, aunque es un tanto intemporal: hacia mediados del siglo XX. No hay alusiones históricas que nos permitan una acotación más precisa. La duración de la acción también es algo imprecisa: son meses los que pasan del primer al tercer acto. Tal vez casi un curso escolar, desde su comienzo a principios del otoño hasta tal vez la primavera siguiente.
- Acercamiento estilístico
Buero
Vallejo domina todos los recovecos de la lengua con gran maestría y propiedad.
Veamos algunas notas distintivas:
-Predominio
de un nivel medio y registro común: los personajes comparten un habla
estandarizada, propia de personas instruidas, o en fase de instrucción. Miguel
emplea un registro más coloquial en el primer acto. Los demás, sobre todo
Carlos e Ignacio, hablan con propiedad, corrección y expresividad.
-Propiedad
en la expresión: como es habitual en Buero Vallejo, todos los personajes se
expresan con precisión y propiedad. Dicen lo que quieren decir sin andarse por
las ramas ni rodeos enfadosos o un empleo confuso de la lengua. Eso no quiere
decir que su lenguaje sea pesado o engorroso; al contrario, es vivaz, dinámico
y ligero (se aprecia bien en la buena cantidad de oraciones exclamativas e
interrogativas que expresan estados de ánimo agitados o dudosos, etc.).
-Naturalidad
en la expresión: los personajes hablan con un estilo fluido y natural. No
fuerzan la lengua en ningún momento y su expresión suena convincente y
apropiada. Desde don Pablo, el director, y doña Pepita, su esposa, hasta el
chistoso de los estudiantes, Miguel, percibimos inmediatamente la llaneza de
expresión y la adecuación del lenguaje a su situación y carácter. La impresión
lectora es de verosimilitud y verismo.
-Cierto
laconismo o contención expresiva: los personajes no hablan por hablar.
Manifiestan sus pensamientos, sentimientos, etc. con una propensión a la
precisión y a la economía lingüística.
Un ejemplo ilustra estos rasgos:
IGNACIO.- Confías
demasiado. Tu seguridad es ilusoria... No resistiría el tropiezo más pequeño.
Te ríes de mi bastón, pero mi bastón me permite pasear por aquí, como hago
ahora, sin miedo a los obstáculos.
(Se
dirige al primer término derecho y se vuelve. El velador se encuentra
exactamente en la línea que le une con CARLOS.)
CARLOS.- (Riendo.)
¿Qué obstáculos? ¡Aquí no hay ninguno! ¿Te das cuenta de tu cobardía? Si
usases sin temor de tu conocimiento del sitio, como hacemos nosotros, tirarías
ese palo.
IGNACIO.- No quiero
tropezar.
CARLOS.- (Exaltado.) ¡Si no puedes tropezar! Aquí
todo está previsto. No hay un solo rincón de la casa que no conozcamos. El
bastón está bien para la calle, pero aquí...
IGNACIO.- Aquí también es
necesario. ¿Cómo podemos saber nosotros, pobres ciegos, lo que nos acecha
alrededor?
CARLOS.- ¡No somos pobres!
¡Y lo sabemos perfectamente! (IGNACIO ríe
sin rebozo.) ¡No te rías!
IGNACIO.- Perdona, pero...
me resulta tan pueril tu optimismo... Por ejemplo, si yo te pidiera que te
levantases y vinieses muy aprisa a donde me encuentro, quieres hacernos creer
que lo harías sin miedo...
CARLOS.- (Levantándose de golpe.) ¡Naturalmente!
¿Quieres que lo haga?
(Pausa.)
IGNACIO.- (Grave.) Sí, por favor. Muy de prisa, no
lo olvides.
CARLOS.- ¡Ahora mismo!
(Todos
los ciegos adelantan la cabeza, en escucha. CARLOS da unos pasos rápidos, pero,
de pronto, la desconfianza crispa su car y disminuye la marcha, extendiendo los
brazos. No tarda en palpar el velador, y una expresión de odio bruta le
invade.)
IGNACIO.- Vienes muy
despacio.
CARLOS.- (Que, bordeando el velador, ha avanzado con
los puños cerrados hasta enfrentarse con IGNACIO.) No lo creas. Ya estoy
aquí.
IGNACIO.- Has vacilado.
CARLOS.- ¡Nada de eso! Vine seguro de convencerte de lo
vano de tus miedos. Y... te habrás persuadido... de que no hay obstáculos por
en medio.
IGNACIO.- (Triunfante.) Pero te dio miedo. ¡No lo
niegues! (A los demás.) Le dio miedo.
¿No le oísteis vacilar y pararse?
CARLOS.- (Rojo.) ¡Pero no lo hice por miedo! Lo
hice porque de pronto comprendí...
IGNACIO.- ¡Qué! ¿Acaso que
podía haber obstáculos? Pues si no llamas a eso miedo, llámalo como quieras.
MIGUEL.- ¡Un tanto para
Ignacio!
CARLOS.- ( Dominándose.) Es cierto. No fue miedo,
pero hubo una causa que... que no puedo explicar. Esta prueba es nula.
IGNACIO.- (Benévolo.) No tengo inconveniente en
concedértelo. (Mientras habla se encamina
al grupo para sentarse de nuevo.) Pero aún he de contestar a tus
argumentos... Estudiamos, sí; (A todos.)
la décima parte de las cosas que estudian los videntes. Hacemos deportes...,
menos nueve décimas partes de ellos. (Se
ha sentado plácidamente. CARLOS, que permanece inmóvil en el primer término,
cruza los brazos tensos para contenerse.) Y en cuanto al amor...
ALBERTO.- Eso no podrás
negarlo.
IGNACIO.- El amor es algo maravilloso. El amor, por
ejemplo, entre Carlos y Juana. (JUANA,
que ha seguido la disputa angustiada las peripecias de la disputa, se
sobresalta.) ¡Pero esa maravilla no pasa de ser una triste parodia del amor
entre los videntes! Porque ellos poseen al ser amado por entero. Son capaces de
englobarle en una mirada. Nosotros poseemos... a pedazos. Una caricia, el
arrullo momentáneo de la voz... En realidad no nos amamos. Nos compadecemos y
tratamos de disfrazar esa triste piedad con alegres tonterías, llamándola amor.
Creo que sabría mejor si no la disfrazásemos.
MIGUEL.- ¡Segundo tanto
para Ignacio!
CARLOS.- (Conteniéndose.) Me parece que has
olvidado a algo muy importante...
IGNACIO.- Puede ser.
CARLOS.- Los matrimonios
entre videntes e invidentes, ¿no prueban que nuestro mundo y el de ellos es el
mismo? ¿No son una prueba de que de amor que sentimos y hacemos sentir no es
una parodia?
En el ejemplo previo se puede comprobar el uso muy acertado de los diversos procedimientos retóricos y la propiedad y precisión de las acotaciones. El conjunto conforma un texto dramático denso y hermoso. Variedad, viveza y naturalidad conforman un fluir dialogado lleno de vida y verdad.
- Contextualización
Es
interesante señalar algunas notas contextuales que explican el sentido y la
intención de esta obra:
-Buero
Vallejo padeció años de cárcel en el franquismo por sus ideas y compromiso
republicano. Sin embargo, supo superar sus duras vivencias de la inmediata
posguerra para buscar una dimensión más aperturista y proyectada al futuro
pacífico y próspero de su país.
-El
posibilismo es su postura estética y política ante la intransigencia del
régimen y la existencia de la censura. Buero Vallejo compone sus obras de modo
tal que pasan el filtro de la censura; sin embargo, al mismo tiempo, incitan a
una reflexión honda --del lector o del espectador— en la que se critica el
régimen franquista y se apuesta por una convivencia democrática.
-Buero
Vallejo emplea símbolos para reflexionar sobre la existencia humana. En esta
obra –-y en otras simbolistas, como El
concierto de San Ovidio-- toma un personaje y una situación particular para
reflexionar sobre el hombre y sus circunstancias, es decir, frustraciones,
limitaciones, etc. En concreto, se percibe muy bien cómo defiende la sinceridad
en las relaciones, la verdad en los planteamientos existenciales y el diálogo y
la flexibilidad en el trato social y amoroso. La ceguera es un símbolo de las
debilidades humanas, de las taras inherentes a nuestra condición. No podemos
desarrollar nuestras posibilidades ni realizar nuestros sueños, aunque intuimos
que, tal vez, sería posible, en otras circunstancias.
-El teatro de nuestro autor se ha adscrito al subgénero del drama: tragedias contemporáneas en las que las personas luchan por una vida más luminosa y auténtica. Los finales abiertos e inciertos manifiestan bien la responsabilidad del lector: él mismo ha de optar por una postura enérgica y moderadamente optimista o darse por derrotado. Otra opción es crear un mundo artificial ilusorio con apariencia de realidad y de felicidad, como ocurre en la residencia de ciegos.
- Interpretación
y sentido
Además
de la recreación de una situación particular (una residencia para invidentes),
Buero Vallejo invita al lector a una reflexión sobre la condición humana. Es
una gran virtud de esta pieza provocar un análisis sobre la necesidad de un
planteamiento sincero y valiente acerca de la condición humana. A pesar de
todas las limitaciones, existe un horizonte de felicidad, desde luego, doloroso
y arduo, pero posible. Engañarse no facilita las cosas; al revés, las empeora.
Todos somos débiles y confusos y caemos en trampas inesperadas, llámase amor,
celos, envidia, etc.
Por
supuesto, el sesgo existencial también es evidente: no afrontar nuestra
condición existencial, llena de contradicciones y confusiones, provoca
sufrimiento e injusticias de todo tipo, lo cual no es tolerable. Se desliza una
reflexión crítica acerca de la credulidad “ciega” (Carlos y Miguel antes de
conocer a Ignacio) y del criticismo esterilizante (Ignacio, antes de conocer a
Juana) y se aboga por espacios de libertad y de tolerancia para lograr
individuos y grupos más homogéneos y felices.
Conviene insistir en que nuestro dramaturgo huye de los maniqueísmos de buenos contra malos. Cada uno de nosotros es portador de vicios y virtudes; es nuestra responsabilidad reprimir aquellos y cultivar estas para alcanzar algo parecido a la plenitud vital. Ni Carlos es malo, ni Ignacio es bueno siempre. Tienen dudas, pasiones, etc., que determinan su actuación. Lo mismo cabe afirmar de las mujeres. Juana y Elisa buscan el amor, pero se encuentran con dificultades que les obligan a reaccionar, a veces incluso en una dirección inesperada para ellas mismas (Juana se resiste a enamorarse de Ignacio y sus sentimientos de bondad se confunden con los pasionales). Buero crea personas, no fantoches que se mueven en el escenario. Es una de las grandes cualidades de su teatro.
- Valoración
En la ardiente oscuridad es una extraordinaria pieza, muy lograda y
perfecta en su construcción. Nos presenta un conflicto intrahumano e
interhumano con una proyección simbólica: el hombre es limitado, tiene defectos
y taras. ¿Qué postura adoptar ante ello? Hacer como que no existe nos lleva a
una vida artificial y falsa, como los jóvenes de la residencia antes de la
llegada de Ignacio. Este último acepta la verdad amarga en toda su dimensión y
lo emboca a la amargura y la infelicidad. Solo el amor auténtico lo salva, pero
para ello genera un conflicto muy severo con Carlos. Los beneficiados del
estatus (el director y su esposa, junto con muchas chicas) prefieren que todo
vuelva a su ser antiguo. Al mismo tiempo, Buero Vallejo no descuida la
dimensión ética de cada persona; de ahí que la llamada de atención hacia el
imperativo de la verdad y la honestidad sea bien evidente.
Los
personajes se expresan con naturalidad y llaneza. Cuando leemos, entendemos muy
bien lo que nos quieren transmitir, lo que genera cierta empatía hacia ellos,
pues los percibimos cercanos. La ceguera física de unos pocos simboliza la de
la mayoría de los hombres, que no desean ver sus miserias y contradicciones.
Enfrentarse a ellas con valentía y sinceridad es requisito necesario para
alcanzar la felicidad, aunque no está garantizada. Las contradicciones y
paradojas las percibimos muy bien cuando constatamos que Ignacio comienza a ser
feliz cuando acepta que el amor es una fuerza salvadora, como Carlos tanto le
había insistido. Pero al enamorarse de la misma mujer, la tragedia está servida
y el final amargo se impone. ¿Acaso no hay salvación para el hombre y sus
conflictos? Tal vez, pero hay que luchar, muchas veces a ciegas y con pocas
garantías de éxito. Pero la otra opción es la farsa o el fracaso adornado de
normalidad.
- PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1)
¿Cómo es la vida de los residentes en el centro para invidentes? Fíjate, por
ejemplo, en su modo de vestir.
2)
¿Qué personaje encarna la cordura, el sosiego y la razón?
3)
¿Qué papel juegan Elisa y Juana en el drama? Caracterízalos.
4)
Ignacio tiene una visión pesimista del hombre ciego: muéstralo.
5)
Don Pablo, el director, ¿es un hombre éticamente recto? ¿Por qué?
6)
¿Quién desea conocer la verdad completa de las cosas? ¿Por qué? ¿Quién le
ayuda?
7)
¿Juega el amor un papel relevante en el desarrollo del drama? Ilustra tu
respuesta con algún ejemplo.
8)
La evolución del personaje de Miguel es muy llamativa. Explica cómo pasa de
humorista a amigo de Ignacio y luego encubridor de Carlos.
9)
¿Quién vio el crimen que cometió Carlos? ¿Dirá la verdad ante la justicia?
10) ¿Podemos decir que hay personajes buenos y malos unidireccionalmente? Razónalo con ejemplos.
2.2. Interpretación y
pensamiento analítico
1)
¿Cuál es el origen del conflicto de Ignacio con sus compañeros de residencia?
¿Crees que tiene razón?
2)
Los residentes viven en una especie de felicidad permanente y de apariencia de
normalidad: ¿es natural o artificial?.
3)
Ignacio y Carlos, en sus posiciones existenciales ¿tienen siempre razón? ¿Qué
causas y consecuencias tiene eso en su vida?
4)
Analiza la situación de la mujer en el drama y contrasta su situación con la
actual.
5)
¿Es importante en la pieza el papel de la religión y de la política? Argumenta
y ejemplifica sobre ello.
6)
El amor aparece de un modo claro en la pieza: muestra cómo es y se desarrolla
este sentimiento.
7) El título de la obra contiene una paradoja: explícala.
2.3. Comentario de texto
específico
IGNACIO.- Supongo que si
quieres quedarte conmigo no será para hablar de la muchacha vidente.
CARLOS.- Supones bien.
IGNACIO.- Me has hablado
varias veces y siempre del mismo tema. ¿También hoy es el mismo tema?
CARLOS.- También.
IGNACIO.- Paciencia. ¿Podrías
decirme si tendremos que hablar muchas veces todavía de lo mismo?
CARLOS.- Creo que serán
pocos... Quizá esta sea la última.
IGNACIO.- Me alegro. Puedes
empezar cuando quieras.
CARLOS.- Ignacio... El día
en que viniste aquí quisiste marcharte al poco rato. (Con amargura.) Lo supe en la época en que Juana aún me hacía
confidencias. Tuviste entonces una buena idea, y creo que es el momento de
ponerla en práctica. ¡Márchate!
IGNACIO.- Parece una
orden...
CARLOS.- Cuya conveniencia
estoy dispuesto a explicarte.
IGNACIO.- Te envía don
Pablo, ¿verdad?
CARLOS.- No. Pero debes
irte.
IGNACIO.- ¿Por qué?
CARLOS.- Debes irte porque
tu influencia está pesando demasiado sobre esta casa. Y tu influencia es
destructora. Si no te vas, esta casa se hundirá. ¡Pero antes de que eso ocurra
tú te habrás ido!
IGNACIO.- Palabrería. No
pienso marcharme, naturalmente. Ya sé que algunos lo deseáis. Empezando por don
Pablo. Pero él no se atreve a decirme nada, porque no hay motivo para ello. ¿De
verdad no me hablas... en su nombre?
CARLOS.- Es el interés del
centro el que me mueve a hablarte.
IGNACIO.- Más palabrería.
¡Qué aficionado eres a los tópicos! Pues escúchame. Estoy seguro de que la
mayoría de los compañeros desea mi permanencia. Por lo tanto, no me voy.
CARLOS.- ¡Qué te importan a
ti los compañeros!
(Breve
pausa.)
IGNACIO.- El mayor
obstáculo que hay entre tú y yo está en que no me comprendes. (Ardientemente.) ¡Los compañeros, y tú
con ellos, me interesáis más de lo que crees! Me duele como una mutilación
propia vuestra ceguera; ¡me duele, a mí, por todos vosotros! (Con arrebato.) ¡Escucha! ¿No te has
dado cuenta al pasar por la terraza de que la noche estaba seca y fría? ¿No
sabes lo que eso significa? No lo sabes, claro. Pues eso quiere decir que ahora
están brillando las estrellas con todo su esplendor, y que los videntes gozan
de la maravilla de su presencia. Esos mundos lejanísimos están ahí, (Se ha acercado al ventanal y toca los
cristales.) tras los cristales, al alcance de nuestra vista..., ¡si la
tuviéramos! (Breve pausa.) A ti eso
no te importa, desdichado. Pues yo las añoro, quisiera contemplarlas; siento
gravitar su dulce luz sobre mi rostro, ¡y me parece que casi las veo! (Vuelto extáticamente hacia el ventanal.
CARLOS se vuelve un poco, sugestionado a su pesar.) Bien sé que si gozara
de la vista moriría de pesar por no poder alcanzarlas. ¡Pero al menos las
vería! Y ninguno de nosotros las ve, Carlos. ¿Y crees malas estas
preocupaciones? Tú sabes que no pueden serlo. ¡Es imposible que tú --por poco
que sea—no las sientas también!
CARLOS.- (Tenaz.) ¡No! Yo no las siento.
IGNACIO.- No las sientes,
¿eh? Y esa es tu desgracia: no sentir la esperanza que yo os he traído.
CARLOS.- ¿Qué esperanza?
IGNACIO.- La esperanza de
la luz.
CARLOS.- ¿De la luz?
IGNACIO.- ¡De la luz, sí! Porque nos dicen incurables; pero ¿qué sabemos nosotros de eso? Nadie sabe lo que el mundo puede reservarnos; desde el descubrimiento científico... hasta el milagro.
a) Actividades de
comprensión lectora
1)
Resume el contenido. Trata de ubicarlo en el conjunto de la obra.
2)
Analiza los personajes que intervienen. Explica el contraste entre las ideas y
los sentimientos de ambos.
3)
Destaca media docena de recursos estilísticos que crean belleza literaria.
4)
¿Por qué Carlos desea que Ignacio abandone la residencia?
5) ¿Es realista la esperanza y la ilusión de Ignacio?
b) Actividades de
interpretación
1)
Analiza la importancia de la ceguera en los dos personajes. ¿Cómo la afrontan?
¿Qué esperan del futuro?
2)
Las estrellas, ¿qué simbolizan en este texto?
3) ¿Podemos considerar a Ignacio una persona egoísta e insensata? Razona la respuesta.
2.4. Fomento de la
creatividad
1)
La realización de una lectura dramatizada (con el texto de las intervenciones
de cada personaje al lado) es una actividad placentera y de gran potencial
didáctico. Se puede realizar con una sección de la obra.
2)
Transformar el texto dramático en otro narrativo, manteniendo su esencia.
3)
Imagina una situación de minusvalía de unas personas y cómo influye su ánimo en
encontrar la mejor solución o adaptación a las circunstancias. Escribe un texto
literario sobre ello.
4)
Se puede pasar a ilustración el contenido de todo o parte de la obra o de un
fragmento significativo; lógicamente, habrá que modificar muchos aspectos.
5)
Ejercicio de écfrasis: tómese el cuadro de La
parábola de los ciegos, de Pieter Brueghel y descríbase en detalle su contenido; se puede interpretar también
la personalidad de los representados. También es interesante trabajar con un
cuadro o una aplicación de Realidad Virtual para invidentes y comprobar cómo se
perciben los colores y las formas con otros sentidos distintos al de la vista.
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